Sobre el Jueves de Corpus, 1971
Con motivo de la proximidad de un aniversario trágico que quedó grabado indeleblemente en la memoria del pueblo de México, se ha elaborado este trabajo especial dividido en dos partes en el cual se ha incluído información que no había estado disponible previamente en ninguna parte en Internet, recurriéndose a las fuentes originales más fidedignas y confiables que se puedan encontrar, con la finalidad de que la presentación de este trabajo pueda ayudar a muchos mexicanos de hoy a comprender con mayor exactitud qué fue lo que sucedió en aquél año infausto cuyo aniversario está próximo a conmemorarse. Aquellos que fueron testigos presenciales de primera mano de los hechos que aquí se relatan sin duda alguna revivirán al menos parte de la pesadilla que vivieron, lo cual sumado a la nueva información que aquí se libera los ayudará a poner en una mejor perspectiva la lógica que hubo detrás de tanta locura.
El próximo 10 de junio del 2012, cuando se llevará a cabo el segundo debate entre los aspirantes a ocupar la Presidencia de México en el período 2012-2018, también se cumplirá el 41avo aniversario de una terrible masacre llevada a cabo en contra de jóvenes desarmados que tomaban parte en una manifestación pacífica. Se trata de algo ocurrido tres años después del genocidio perpetrado por un Ejército mexicano que “se cubrió de gloria” asesinado a la juventud de México.
Se ha descrito ya en otro trabajo cómo la terrible matanza que tuvo lugar en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco el 2 de octubre del 1968 fué de principio a fin un genocidio instigado “en contra de los comunistas subversivos” (término despectivo utilizado por la derecha radical de México para referirse a los estudiantes de las preparatorias y de la UNAM así como del Instituto Politécnico de la Ciudad de México) no desde la misma Ciudad de México sino desde el Estado de Jalisco, alentada y propiciada por gente siniestra de mentalidad extremista ultraconservadora, y lograda gracias a la infiltración de los estratos superiores del gobierno federal con caballos de Troya que esta gente había logrado incrustar como parte de sus primeros triunfos de lo que era y sigue siendo un complot contra México en toda la extensión de la palabra. Lo sucedido en Tlatelolco no fue el fin sino apenas el principio de lo que con el paso del tiempo vendría siendo conocido como la guerra sucia que cobraría muchos miles de muertos adicionales.
Después de la sangrienta carnicería llevada a cabo en Tlatelolco, parte del operativo siniestro de “limpieza de elementos subversivos” llevado a cabo en todo México lo fue otra masacre la cual, para variar, no recurrió al uso del Ejército mexicano que tan desprestigiado y tan repudiado quedó a causa de lo ocurrido en Tlatelolco. Se trata de otra carnicería en gran escala que tuvo lugar un Jueves de Corpus el 10 de junio de 1971, razón por la cual está asociada históricamente a dicho nombre. Para poder llevarla a cabo, se utilizaron comandos paramilitares entrenados al estilo Nazi de las Tropas de Asalto, imbecilizadas ideológicamente y entrenadas para matar sin piedad ni misericordia a todo lo que tuvieran frente a ellos al dárseles la orden para matar.
Es necesario dejar una cosa en claro: lo ocurrido aquél Jueves de Corpus, al igual que lo ocurrido en Tlatelolco en 1968, no fue algo improvisado planificado con unas cuantas horas o con unos cuantos días de anticipación, ni siquiera semanas. Se trata de algo cuya preparación y planificación tomó más de un año, y de hecho los primeros esbozos para la conformación de estos comandos paramilitares ya se había dado cuando la sangre derramada en Tlatelolco estaba aún fresca, desde la selección cuidadosa de los matones que formarían parte de esas criminales fuerzas de choqueconocidas como los Halcones hasta la selección del lugar y el día en el que atacarían a sangre fría con órdenes de matar. Y como en 1968, aunque en la cima del gobierno federal había varios involucrados de alto nivel, empezando por el mismo Presidente Luis Echeverría Álvarez, el ímpetu principal venía de fuera con propaganda de corte ultraderechista promocionada en grandes volúmenes desde la ciudad de Guadalajara que en forma sumamente alarmista advertía sobre un inminente colapso total del gobierno de México a manos de la ficticia fantasía acerca de una “gran conspiración judía masónica comunista” para el dominio del planeta. Para este entonces, la Organización Nacional del Yunque empezaba a tomar forma en varias partes de México, había dejado de ser un proyecto esbozado en un pizarrón. La conspiración nacional empezaba a consolidarse.
Resulta provechoso y fidedigno repasar lo sucedido en aquél entonces consultando no las fuentes actuales sino los reportajes que se dieron inmediatamente después de que se consumó la brutal masacre del Jueves de Corpus, cuando los hechos estaban todavía bastante frescos en las mentes de quienes estuvieron cerca del lugar de los acontecimientos o pudieron intercambiar información con testigos presenciales de lo sucedido. Por ello, recurriremos a un suplemento interior especial publicado en la revista Siempre! a los pocos días de que fue consumada la matanza. La primera fuente histórica que se reproducirá aquí es un reportaje elaborado por quien con el paso del tiempo sería uno de los editorialistas más conocidos tanto dentro como fuera de México: Sergio Sarmiento. El trabajo apareció publicado en la página III del suplemento interno especial de la revista Siempre!, y se dará la fecha que dicho editorialista puso a su artículo.
TRAIAN EFIGIES DEL CHE
Sergio Sarmiento
Suplemento interior especial
Revista Siempre!
14 de junio de 1971
En el momento de escribir esta nota, aún no se ha logrado esclarecer completamente los hechos que ocurrieron la tarde del 10 de junio. La prensa ha publicado ya la historia, y en los círculos oficiales se han hecho declaraciones en el sentido de que todo fue un pleito entre estudiantes. Mientras tanto, en las escuelas, la gente que asistió a la manifestación cuenta otras cosas y da más detalles. En la prensa se ha hecho constar la existencia de: 4, 6 o 10 muertos; mientras que en los medios estudiantiles las cifras van desde 50 y 80 hasta 120. Respecto a los autores de la agresión, los Halcones, también existen diferentes versiones; el regente de la ciudad de México, Alfonso Martínez Domínguez:
negó la existencia de un grupo llamado así; en las escuelas, por otra parte, se afirma la realidad de ese grupo y se dice que no es más que un cuerpo de policía especial, o que es un ejército particular pagado por gente del mismo gobierno.
He decidido dejar la palabra a quienes se encontraban en el lugar momento de los hechos:
“Los Halcones llegaron en camiones de color gris, muy parecidos a los que utiliza el cuerpo de granaderos. Yo vi siete de ellos que tenían las placas tapadas, pero había uno al que le pude observar la placa, era la número AB-84; también venían unos camiones de turismo con vidrios obscuro, a los cuales les abrían camino unos agentes de tránsito”.
“Cuando la refriega ya se había generalizado pasaban unas ambulancias que se lanzaban contra los manifestantes, anoté sus números: eran la 17 y la 19 de la Cruz Verde”.
“... Y entonces vi la ambulancia número 72; adentro no iban médicos sino que iban unos Halcones que estaban golpeando a alguien”.
“... Ya habíamos logrado salir, cuando vimos que una ambulancia se detenía cerca, y que se bajaban de allí dos Halcones para perseguir a un muchacho, al cual agarraron y metieron dentro de la ambulancia; nosotros éramos cinco, y corrimos a tratar de rescatarlo, sin embargo, la ambulancia arrancó antes de que pudiéramos hacer algo”.
“Los Halcones salieron por las calles laterales, atravesando las filas de granaderos que se encontraban allí; al principio creímos que era un grupo que se venía a unir a la manifestación; traían efigies del “Ché” Guevara” y gritaban cosas como ¡Libertad a los presos políticos! y ¡Viva la Universidad!; nosotros abrimos un poco las filas a fin de que ellos se integraran. Cuando vimos que se acercaban corriendo sin detenerse, algunos se fueron dando cuenta de la realidad y comenzaron a huír, pero ya era demasiado tarde, no pudimos evitar que nos golpearan”.
“...Los de la Prepa “Pop” (Preparatoria Popular) les hicieron frente al principio, cuando todavía no habían comenzado los disparos; y a pesar de que los Halcones estaban armados de palos, no les estaba yendo tan mal a los de la Prepa; durante un momento rechazaron a los Halcones, pero éstos se fueron a refugiar detrás de las filas de los granaderos, quienes los protegieron mientras se reorganizaban para volver al ataque”.
“...Los Halcones traían en las bolsas traseras macanas de policía”.
“...No mano; esos tipos estaban muy bien entrenados; usaban tácticas guerrilleras; todo estaba planeado perfectamente... Dividieron la manifestación en tres para hacer más fácil el ataque”.
“Esos tipos estaban locos o drogados; se lanzaron a la carga de una manera suicida mientras que gritaban “Halcoooones” o “Moreeelos”. Los de Economía les bajaron una pancarta a manera de lanza, y los Halcones no se detuvieron; se iban directamente a los palos de madera en que estaba sostenida la pancarta”.
“...Mira; yo conozco a uno de ellos, se llama Luis Téllez Delgado y su padre es agente de la judicial... ¿Y sabes lo que una vez me dijo?: Necesito trabajar, por eso entré en Los Halcones”.
“Yo había entrado el edificio de la Normal y ahí se encontraban prisioneros dos Halcones; yo estaba muy enojado y le dí un golpe a uno de ellos... Después de un rato logramos que confesaran quién les daba dinero; nos dijeron que era Martínez Domínguez”.
“Los Halcones nos golpearon con unos bastones eléctricos que daban toques y arrancaban la piel...”.
“...Llegaban al Leñero (Los Halcones) para rematar a su propia gente a fin de que no pudieran hablar, así como también para ultimar a los estudiantes que estaban siendo atendidos ahí... Cuando salieron los ví buscar a una persona en un café cercano, le dispararon y huyeron”.
“...Comenzaron a llegar heridos a la Cruz Verde; era espantoso, había heridos por bala y por golpes y algunos tenían unas quemaduras horribles que luego supe que habían sido hechas con palos eléctricos...”.
“Era como el cuarto para las seis, y ya los Halcones tenían dominado el asunto. Yo estaba escondido y los oía gritar cosas como: Traidores... Hijos de perra... Traidores a la patria... Cobardes...”.
“Cuando los ví llegar creí que eran gente de la Prepa “Pop”, por lo que permanecí tranquilo y hasta el momento en el que me comenzaron a golpear me desengañé. Yo corría tratando de escapar, pero a cada paso que daba recibía golpes; esto duró hasta que me desmayé en la calle. Una señora me ayudó después y me escondió en su casa; así me salvé de que me remataran de un balazo. Subí a la azotea y desde ahí vi todo; fue horrible. Había dos chavos con ametralladoras en la Calzada de los Maestros, que disparaban a la gente...”.
“Nosotros llegamos tarde a la manifestación, y ya no pudimos entrar. Había con nosotros aproximadamente mil personas, un poco más adelante del cine Cosmos. Cuando el relajo comenzó, pensamos en que las gentes que nos encontrábamos ahí podíamos ir caminando por la ruta que tenía planeada la manifestación, y tal vez con eso lograríamos que se dividieran las fuerzas represivas; sin embargo un poco después nos disolvió un grupo de granaderos con gases y palos eléctricos. Te fijas, tanto los Halcones como los granaderos traían de estos palos eléctricos”.
Desde un principio, los granaderos supuestamente puestos ahí para “cuidar el orden” actuaron como protectores de los Halcones. De entre ellos salieron los Halcones a llevar a cabo la masacre, y si las cosas se ponían malas los granaderos tomaban cartas en el asunto para proteger a los Halcones. Esas eran las órdenes.
Prácticamente todos aquellos jóvenes que fueron secuestrados en ambulancias oficiales no fueron vistos nunca más, pasaron a engrosar una lista creciente de desaparecidos. Todos los desaparecidos fueron sometidos a tormentos brutales en cuartos especiales de interrogatorio hasta que sus sádicos verdugos terminaron matándolos, literalmente hablando, de dolor.
Como quedó asentado en el anterior trabajo, el Regente de la Ciudad de México, Alfonso Martínez Domínguez, negó la existencia de un grupo llamado Halcones, al igual que hoy funcionarios de alto rango como el Gobernador ultraderechista del Estado de Jalisco, Emilio González Márquez, niegan la existencia de la Organización Nacional del Yunque y la sociedad secreta antisemita neofascista Tecos que opera desde dentro de la Universidad Autónoma de Guadalajara; al igual que hoy los más prominentes panistas niegan que dentro del Partido Acción Nacional haya radicales de derecha que forman parte de algunas de las sociedades secretas de extrema derecha como el Yunque; al igual que hoy los principales funcionarios de la Universidad Autónoma de Guadalajara niegan insistentemente ante la prensa la existencia de una sociedad secreta en su seno llamada los Tecos que fue fundada al poco tiempo de que dicha universidad abrió sus puertas y entró en operaciones, al igual que los Tecos que niegan ser Tecos cuando se les pregunta directamente cara a cara si pertenecen a la terrible sociedad secreta de Guadalajara. Todo este patrón de negación sigue un mismo modo de conducta, la del mentiroso patológico que sabe muy bien que está mintiendo pero que de cualquier manera lo sigue haciendo para ocultar algo que a cualquier ciudadano honesto le avergonzaría hasta la médula.
Como corolario a su importante colaboración en todo lo que tuvo que ver con la terrible masacre llevada a cabo en junio de 1971, el genocida Alfonso Martínez Domínguez no solo no fue castigado, sino que inclusive fue PREMIADO dándosele la gubernatura del Estado de Nuevo León con plena garantía de impunidad. Es irrelevante el hecho de que Martínez Domínguez haya muerto tranquilamente rodeado de lujos y comodidades, ya que si aún estuviera hoy con vida de cualquier modo el ultraderechizado Partido Acción Nacional desde el poder federal le habría extendido a Alfonso Martínez Domínguez un manto protector de impunidad en agradecimiento a su papel en “el combate a la conspiración comunista internacional” que acorde con la propaganda nazi-fascista que circulaba libremente por México en aquél entonces con plena autorización y consentimiento del gobierno en turno tenía que ser interpretada en voz baja en los altos círculos gubernamentales como la estrafalaria fantasía conspiratoria de “la gran conspiración judía masónica comunista”. Se puede afirmar esto categóricamente sin duda alguna ya que hay otros culpables de la masacre -tanto autores materiales como autores intelectuales- que están aún con vida el día de hoy y que siguen disfrutando tranquilamente de la más absoluta impunidad que primero les dió el Presidente de México Vicente Fox y posteriormente les ha dado también desde la Presidencia de la República Felipe Calderón.
En el suplemento especial interior del mismo medio, en la página IV, inmediatamente después del trabajo elaborado por Sergio Sarmiento, apareció publicado otro artículo que habla acerca del mismo tema y que será reproducido íntegramente a continuación:
LA FIESTA DE LAS BALAS
Manuel Jiménez R.
Suplemento interior especial
Revista Siempre!
14 de junio de 1971
La tarde estaba muy padre aunque hacía calor en el Metro (en el cual decidimos ir para evitar “complicaciones” de todo tipo). Se nos hizo insoportable el calor incluso después, al bajarnos, mientras esperábamos a una compañera. Tanto es así que como no llegaba corrimos a una lonchería cercana y nos tomamos una cocacola. Por la parte donde nosotros llegamos nunca vimos el despliegue de fuerzas policiacas. Si acaso cinco policías a la salida del Metro, en vez de uno o dos habituales. Para esto eran las 4 y 20 y nuestra amiga no llegaba, así que decidimos ir a donde se empezaban a formar las escuelas. Nos pareció que no estaba muy organizado y que había poquísima gente. La juventud casi excesiva de muchísimos contingentes me sorprendió: eran adolescentes y casi casi niños; algunos ¡llevaban tortas! Había prepas, vocacionales, y alumnos de los nuevos colegios de Ciencias y Humanidades; algunos de ellos saludaron con mucho cariño a un compañero mío y le dijeron con orgullo (por la presencia de ambos): “ya ve, maestro, aquí estamos”, y mostraron sus banderolas rojas que ellos mismos habían hecho, de las cuales les pedía que me regalaran una. Una muchacha pasó con un walkie talkie y decía: el orden de los contingentes es el siguiente: No. 1, Economía de la Universidad; No. 2, Ciencias Biológicas del Poli, etc., etc. Resulta que mi escuela quedaba muy atrás. Recorrimos los contingentes ya alineados, pero cuando mucho eran ocho. Mientras, nos dedicamos a observar. Lo que me sorprendió ahora era que la onda en pleno estaba aquí. Al menos en apariencia, la mayoría era de mucha onda: pelos muy largos, vestimenta muy moderna, gente muy bella, muy bella en el sentido no sólo exterior, proyectaban algo, entre otras cosas, como un gran sentido de la solidaridad. De pronto (porque observando a la gente se me fue el tiempo) dijeron que ya iba a empezar la manifestación y corrimos a la primera columna para ir viendo pasar los contingentes y sumarnos cuando pasara nuestra escuela. En eso vimos a una de nuestras maestras y a otros compañeros. Nos subimos a la banqueta y empezaron a desfilar los contingentes, aunque ya casi dudábamos de que viniera nuestra escuela, aunque el contingente era reducido. Al frente, cargando la manta que identificaba la escuela, venían cuatro muchachas, dos de ellas muy amigas nuestras, y aunque nos ofrecimos a sustituírlas ellas iban muy orgullosas de ir al frente y se negaron rotundamente. Al empezar la caminata fue más insoportable el calor. Por eso y para poder maniobrar mejor, nos amarramos a la cintura los suéteres que, ahora era tan evidente, llevábamos inútilmente. El grupo comenzó a cantar La internacional pero la verdad era que muy pocos se sabían la letra y nos oíamos muy desafinados. Habríamos avanzado como una cuadra o cuadra y media cuando la amiga que habíamos esperado se desprendió del público y se nos sumó explicándonos las razones por las que había llegado tarde. Para esto, en el transcurso alguien nos había dado algunos volantes, uno de ellos explicaba las medidas que se debían de tomar en caso de agresión (todas inútiles por supuesto), entre otras no llevar agendas. Le dí uno de estos volantes a mi amiga. Creo que llevábamos dos cuadras o algo así cuando, al pasar por una bocacalle, vimos un grupo muy numeroso de policías con escudo, casco y, en fin, todo su equipo nuevo. Adelante de ellos estaban Los Halcones. Se soltaron corriendo como endemoniados, como una tropa de asalto nazi. Llevaban garrotes, pistolas, cuchillos, algo así como hachas y cosas por el estilo.
Me parece como que silbaban, pero no estoy seguro porque todo fue tan instantáneo. Todos corrimos como locos. A veces volteaba viendo cómo golpeaban despiadadamente a los que habían quedado atrás. Era la cosa más salvaje que he visto en mi vida. No podía ni pensar y el terror me hacía correr más porque ya Los Halcones golpeaban despiadadamente a los que sólo habían estado presenciando la manifestación. Casi simultáneamente empezaron a oírse silbar las balas. Por todos lados otros Halcones nos disparaban. Unos compañeros gritaban “México Libertad” y otros “no corran, no se asusten, son balas de salva”. A los que caían les empezaba a salir sangre. No podía pensar, sólo me dominaba un terror animal. Donde intentábamos meternos nos cerraban las puertas o nos bajaban las cortinas de metal. Los amigos que iban junto a mí se me perdieron, pero casi al llegar al Metro, donde intentamos entrar y también estaba cerrado, los encontré. Un amigo y yo abrazamos a nuestras amigas, las muchachas que habían llevado la manta, intentando protegerlas al cruzar la bocacalle. Eso fue espantoso. La balacera continuaba y se notaba que también en las avenidas o calles principales paralelas disparaban y hasta más fuerte. A pesar de tantos ruidos (como los de un helicóptero) se distinguía claramente que unas veces eran descargas de pistolas y otras de metralletas. Al cruzar otra bocacalle se nos perdieron otra vez varios amigos y como que hubo una tregua de segundos. En esta tregua unos amigos corrieron hacia la avenida (donde se oía era todavía más fuerte la balacera). Nosotros no lo hicimos así. Seguimos por la misma calle por donde veníamos y en eso, no sé cómo, ya íbamos detrás de quienes llevaban a un muchacho herido. En la vida se me olvidará: llevaba una camisa de rayitas blancas y azules, era fornido como de veinte años y sangraba abundantemente por la espalda, por un costado. En eso un grupo numeroso vino corriendo (replegándose) en sentido contrario a nosotros: los venían persiguiendo y les disparaban con metralletas. No sé ni cómo nos metimos a un edificio. Creo que después de que entramos nosotros cerraron la puerta. Los del herido suplicaban en todos los departamentos que los dejaran entrar, pero nadie les abría. Nosotros subimos como locos hasta el último piso, pero las muchachas no quisieron ir a la azotea (y tenían razón). Afuera seguía el herido, desangrándose. Por fin les abrieron en un departamento. La balacera arreciaba. Una viejecita abrió su puerta, le suplicamos que nos dejara entrar, y casi la tiramos al hacerlo. Tiene como 95 años y estaba muy asustada. Tratábamos de calmarla y ella también a nosotros. Decía: “si los encuentran aquí me van a hacer algo”. Nosotros le decíamos que no, que diríamos que la habíamos obligado a abrirnos. Primero estuvimos tirados en la sala. Ni hablábamos. Luego una de las muchachas dijo: “de puro churro aquí hay teléfono”. Con eso como que nos sentíamos más aliviados. Estábamos enfrente y arriba de donde habían metido al muchacho herido y oímos que gritaban: “¡Un doctor, un doctor!”. Luego que ya entraba una doctora (más tarde oímos que gritaron: “ya se murió”). Se oía cómo que en los cubos del edificio había gente: tal vez se habían quedado ahí porque nadie les quiso abrir. La balacera no cesaba, nunca cesó completamente hasta las 8 y media o nueve. Cada vez nos sentíamos más asustados. La viejita dijo que mejor nos metiéramos al baño, éste estaba más escondido. En ese momento nos dimos cuenta de algo absurdo. Todos traíamos apretujados en la mano los dos o tres volantes que nos habían dado. No me explico cómo es posible que no los hubiéramos soltado en medio de tantas cosas. Los queríamos meter debajo de los muebles, los rompimos e hicimos eso. En el baño le preguntamos al chavo que estaba con nosotros que cómo se llamaba y de qué escuela era. Su nombre: Francisco, primer año de economía. Edad: 19 años. Le dimos nuestros nombres y nuestra escuela. La balacera seguía y seguía. Estábamos todos, hasta la viejita, tirados en el baño. A veces ya no aguantábamos más y nos tapábamos los oídos para no oír. Otras veces nos deslizábamos en el suelo y hablábamos por teléfono a nuestros familiares para tranquilizarlos, pero advirtiéndoles que quién sabe cuándo llegaríamos a nuestras casas. La viejita ni siquiera sabía darnos bien la dirección de donde estábamos, ni tampoco el número del teléfono. Entonces nos dimos cuenta de varias cosas: lo peor no había pasado, lo peor sería cuando empezaran a catear. ¿Cómo íbamos a salir? Más que nuestra ropa, nuestro pelo, nuestra juventud todo nos confería y acentuaba nuestra identidad de estudiantes, que nos “traicionaría” inmediatamente ante cualquier fuerza represiva. Nuestra identidad era más que obvia, no la podíamos disimular, aunque quisieramos, e incluso creo que por estar aquí y en estas circunstancias a pesar de todo estábamos más orgullosos de ella. Ya eran como las 7 cuando tocaron fuertemente la puerta. Nos dijimos: ¡ya ni modo!, y lo más estúpido es que hemos estado aquí horas y ni siquiera le hemos dado nuestro teléfono a la viejita para que hable a nuestras casas cuando nos lleven. Apresuradamente los escribimos en el papel de una cajetilla de cerillos, a ciegas. Ya estaba casi completamente oscuro y claro que no prendíamos la luz. Toda la luz era la de una veladora que había prendido la viejita. No nos atrevíamos ni a movernos, pero resultó que eran las nietas de la señora que habían salido de la normal. Nunca nos explicaron bien cómo las sacaron en medio de la balacera y corrieron a casa de su abuelita (más tarde llegó también la mamá, nos dió otro susto mayúsculo y nos dijo que los Halcones le disparaban a toda la gente en la calle). Cada rato golpeaban la puerta del zaguán y en una de esas oímos unos gritos terribles que preguntaban si había heridos para sacarlos. No oíamos si los sacaron o no, porque nadie respondió. Tratábamos de platicar otras cosas para ya no sentir tanto terror, pero inconscientemente sólo nos acordábamos de Tlatelolco y pensábamos: si nos sacan de aquí, aquí mismo en la puerta nos matan a lo estúpido. Nos parecía increíble que ahora seguíamos oyendo las balas, el ruido de un helicóptero, las sirenas de las ambulancias, sintiéramos más terror que cuando habíamos estado en la calle. Además, pensábamos en todos nuestros compañeros y amigos. ¿Dónde estarían? ¿Qué les pasaría? ¿Saldrían vivos? ¿Habrían logrado escapar? Como a las diez ya oíamos ruidos más normales: se oían pasar carros pero no sabíamos si eran particulares o qué. Sin embargo, parecía que volvía la tranquilidad. Como a las once volvieron a tocar. Era voz de hombre y el susto fue tremendo porque ahora ya ni estábamos en el baño. Luego inmediatamente reconocimos la voz: era el esposo de una de las muchachas, nos habían localizado en un mapa y fueron a ver hasta dónde podían llegar. Nuestra calle no estaba cercada. Cuando salimos vimos que habíamos quedado a menos de media cuadra de un cerco formado por soldados.
Puesto que la manifestación estudiantil había sido anunciada con varios días de anticipación, se dá por hecho que todos los funcionarios de primer nivel del gobierno de la Ciudad de México estaban en sus oficinas en grado de alerta máxima. Apenas empezada la masacre, el primero en enterarse de lo que estaba sucediendo debió ser necesariamente el Regente Alfonso Martínez Domínguez, bastaba una llamada telefónica para enterarlo en cuestión de minutos de los hechos. Y sin embargo, se quedó cruzado de brazos. Hoy ya se sabe por qué. Alfonso Martínez Domínguez era uno de los principales involucrados en los operativos para llevar a cabo la masacre. Pero ciertamente no era el único. Había otros, mucho más importantes que él, que tenían metidas sus manos, empezando por el mismo Presidente de la República, Luis Echeverría Alvarez. Pero había otros, mucho más pérfidos e intrigantes, los cuales sin dar la cara estuvieron alentando desde lejos a los funcionarios públicos a llevar a cabo la masacre, usando para ello propaganda de corte fascista que alertaba sobre una supuesta “gran conspiración judía comunista” para derrocar al gobierno de México, propaganda que fue utilizada para asustar y llevar a niveles de histeria anticomunista máxima hasta el mismo Presidente de México. Los manipuladores excelsos, al igual que como lo hicieron con Gustavo Díaz Ordaz, pudieron moldear a su gusto al Presidente Echeverría para incitarlo a tal acción, repitiendo con ello la “hazaña” lograda en Tlatelolco en 1968
Veamos a continuación otro trabajo publicado en el mismo medio, en la página V del suplemento interno especial de la revistaSiempre!:
LAS VARAS DE BAMBU
Gerardo de la Torre
Suplemento interior especial
Revista Siempre!
14 de junio de 1971
Frente a la estación de Buenavista, se hallaban estacionados unos seis camiones de granaderos. Algunos hombres llevaban fusiles lanzagranadas; los más, máusers. Todos estaban equipados con viseras, escudos y petos. Unos metros más adelante, en la avenida Insurgentes, los camiones de pasajeros eran desviados. Si uno deseaba internarse en la colonia Santa María, debía hacerlo a pie. Mucha gente descendía de los camiones, gente joven, estudiantes. Eran aproximadamente las tres y diez de la tarde.
A eso de las tres y media, el cronista pasó por la Alameda de Santa María. Había mucha gente, demasiada gente. ¿Estudiantes? No, no eran estudiantes, no llevaban libros, no tenían el estilo desenfadado y alegre de los estudiantes. Más bien, parecían aburridos; tirados en el pasto, leían historietas, periódicos deportivos, o fumaban. Eran,cuando menos, trescientos. Algunos tenían palos; otros, pequeñas pancartas, que no podían leerse porque estaban de cara al pasto. Alrededor del parque se hallaban varios camiones grises, sin marcas, que después jugarían un papel importante en la represión de los manifestantes. Los camiones de un gris ominoso de los “halcones”; los “halcones” mismos, descansando en el parque antes de cumplir con la misión que se les habían encomendado.
A las cuatro de la tarde, había pocos estudiantes en Santo Tomás, frente a Ciencias Biológicas. Sin embargo, cada vez eran más nutridos los grupos que llegaban. Decenas, centenas, millares. Los contingentes comenzaron a formarse. Economía, Medicina... Por un magnavoz se indicaba el lugar que cada escuela ocuparía en la manifestación. Había optimismo entre los manifestantes: no van a reprimirnos, no lo hicieron en Nuevo León, las cosas están cambiando, todo va a salir muy bien. Más o menos, a las cinco, comenzó la marcha.
Este cronista se adelantó a los manifestantes. Tenía la intención de apostarse en Instituto Técnico, avenida que se encuentra en un nivel más elevado que el área del Casco. Desde allí, sin duda, podría observar a sus anchas el paso de la manifestación. Sin embargo, inexplicablemente, la manifestación dio vuelta en avenida de los Maestros. ¿Quién o quiénes ordenaron ese itinerario? ¿Quién o quiénes colocaron a los manifestantes en la ratonera, en una calle estrecha, cerrada por un costado, que la hacía sumamente vulnerable a cualquier ataque?
El hecho es que la manifestación llegó al punto en que debía ser reprimida. San Cosme, en la desembocadura de Melchor Ocampo e Instituto Técnico. De un camión bajaron unos 50 o 60 tipos. Golpeaban con sus palos y sus varas de bambú el pavimento. Llevaban pancartas con la efigie del Che. Gritaron. ¡Halcoooones! Se lanzaron a la carrera contra el grupo que encabezaba la manifestación. Era la vieja imagen que conocíamos por las películas de pieles rojas. ¡Halcoooones! Aullaban, enarbolaban las varas de bambú, los garrotes, los bates de beisbol, el odio, contra qué, las órdenes. Los granaderos, los carros antimotines, no se movían. Los Halcones actuaban con entera libertad. Corrieron, atacaron, regresaron arrastrando cuerpos que pateaban, herían impunemente. La manifestación comenzó a dispersarse. Después se oyeron los tiros, las ráfagas. No quedaba más que correr. El aire soplaba en sentido contrario a la manifestación. Había polvo, viento, rabia, ganas de correr. Y alguien que hubiera querido hacer una crónica.
El cronista que elaboró el trabajo anterior planteó una interrogante de fondo: ¿quién o quiénes colocaron a los manifestantes en la ratonera, en una calle estrecha, cerrada por un costado, que la hacía sumamente vulnerable a cualquier ataque? Hoy se puede dar la respuesta sin dejar lugar a la duda: los grupos de estudiantes estaban infiltrados en sus estratos superiores por gente enemiga, jóvenes como ellos, pero gente enemiga al fin y al cabo, gente extraordinariamente peligrosa cuyos intereses no tenían absolutamente nada en común con los anhelos de expresión de los manifestantes. Los infiltradores huyeron del lugar en el momento preciso porque ya sabían de antemano lo que iba a ocurrir, ya sabían que estaban llevando a los estudiantes al matadero, a una trampa mortal. Nuevamente, vemos aquí los efectos de una infiltración terrible penetrando en todos los estratos de la sociedad, una arma nueva que ya estaba siendo utilizada exitosamente para infiltrar al Partido Revolucionario Institucional y que tiempo después sería utilizada para infiltrar al Partido Acción Nacional hasta la médula minando ambos partidos desde su mismo interior. Los caballos de Troya eran gente astuta entrenada especialmente para este nuevo tipo de lucha, ocultando sus verdaderas convicciones, escondiendo sus verdaderas asociaciones con movimientos terribles de carácter conspiratorio prohijadas con literatura enajenante que haciéndose pasar por “nacionalista” en realidad tenía muy poco o mejor dicho nada en común con la realidad nacional de México, literatura generada a partir de las cenizas que habían consumido en una pira al Nazismo alemán que muchos creían extinto.
En el suplemento especial interior del mismo medio, en la página VIII, apareció publicado otro artículo que también será reproducido íntegramente a continuación, en el cual se menciona brevemente cómo el principal gángster mafioso de Chicago, el criminal Al Capone, abogaba no sólo por un ambiente sano y moral (podría haber abogado “por una educación con valores morales” como acostumbra hacerlo en su propaganda cierta universidad fascista de Guadalajara), no sólo por una sólida formación religiosa, sino por un duradero orden social en general (como el “Imperio que durará mil años” de Hitler), y el cual por añadidura era “un patriota anticomunista”:
TRES AÑOS DESPUÉS
José Carreño
Suplemento interior especial
Revista Siempre!
14 de junio de 1971
1. LOS SOBREVIVIENTES
2. EL ULTIMO ESCALON
3. LA LINEA PATRIARCAL
LOS SOBREVIVIENTES.- El jueves 10 de junio un manto de nubes oscureció prematuramente la tarde de la ciudad anunciando la inminencia del verano. Hacia el norte, los pobladores no sintieron esa sensación de alivio y catarsis que pudiera significar la promesa de una lluvia después de tantas jornadas calurosas, sino el sobrecogimiento, la angustia y la inseguridad de la reaparición irrefutable, tangible del terror. Las calles volvieron a quedar desiertas y se pudo oir otra vez el viento que transmitió los tableteos de las ametralladoras, las detonaciones secas de las armas cortas de grueso calibre, el ulular de las cruces y el rugido de tanques y transportes policiacos. Horas en que la tensión, los pasos apresurados, la contracción del vientre, los rostros crispados de los sobrevivientes empezaron a circundar las posibilidades de parentesco, amistad, afinidad de los que yacían inertes, desangrándose en las calles. Por la noche llovió.
El tiempo se anulaba y se sobreponían las estaciones: el verano de 1968 brotaba como si tratara de calcarse sobre el calendario de 1971. Resurgían los ojos descomunalmente abiertos por el odio irracional, arrogante de una parte, y de otra la sensación de impotencia, frustración, rabia y miedo de los que sobreviven las masacres y a las ocupaciones militares: una sociedad dividida.
Si los que eran jóvenes hace tres años tuvieron que precipitar su madurez bajo las balas, en las cárceles o en el destierro sus aulas en manos del ejército, es decir, a costa de asimilar insuperables frustraciones y rencores, los jóvenes de hoy se disponían a reagrupar efectivos entre los que no vivieron la gran represión y también entre los sobrevivientes de ella. Contaban para ello con su indeclinable vocación transformadora y los alentaba la promesa de un año de discursos cargados de promesas de apertura por parte del actual Presidente de la República. Saben, como hay que saberlo, que apertura y transformaciones son imposibles desde las oficinas burocráticas y sin la movilización de los grandes sectores del país. Pero llegó el día del desconcierto. El de las preguntas tan aparentemente tontas como la de quién gobernaba al país, en qué trampa fue a caer. Y también el día de la confirmción de la no vigencia de las leyes ni del significado de las palabras.
___Nuestras leyes no son conocidas por todos,
___son secretos de las minorías aristocráticas
___que nos gobiernan...
___Es de tradición que existen y que se confíen
___a la aristocracia como secreto, pero ya no
___es más que vieja tradición acreditada por
___su antigüedad, y no puede ser otra cosa,
___pues la índole de tales leyes exige también
___el mantener en secreto su existencia
___Franz KAFKA
Hay que estar de acuerdo en que el pliego de demandas que se pretendía respaldar con la manifestación del 10 de junio no era un ejemplo de exposición brillante de las grandes demandas populares. Se puede citar el punto que impugna la reforma educativa antipopular del régimen, cuando, en realidad, el régimen sólo ha anunciado que va a llevar a cabo una reforma educativa, pero ni ha dicho en qué va a consistir ni mucho menos la ha llevado a cabo, por lo que quizás, más bien, habría que demandar que se cumpla la promesa de la reforma anunciada. En otras peticiones hay sin duda un fondo de legitimidad, pero su planteamiento exigiría tal vez mayor precisión y condiciones más adecuadas, como el caso del apoyo a la Universidad de Nuevo León, la situación de cuyos estudiantes, profesores y empleados, los beneficiarios del apoyo, no está esclarecida por lo menos para los habitantes de la ciudad de México. Sin duda, la demanda de la liberación de todos los presos políticos queda como impugnable.
Pero los defectos de estrategia o táctica de un movimiento tienen frecuentemente justificaciones determinantes. En México 1971 no se le puede exigir impecable claridad y eficacia a un movimiento dispersado hace demasiado poco tiempo con la más brutal de las represiones de los últimos años; asediado en su vida diaria por la continua actividad de las fuerzas de choque; infiltrado por agentes enviados por los mismos que están atentos a hacer ver y utilizar las equivocaciones promovidas por ellos, y precipitado posiblemente por aquellos mismos agentes. Así transcurre la sobrevivencia. Es difícil y accidentada.
En estas condiciones, un acto político puede ser un error, una equivocación grave, pero no un acto criminal como pretenden los justificadores de la nueva matanza. En sentido estricto, la manifestación pudo no haber tenido otra bandera que la protesta por la disposición interna de los salones del palacio nacional o alguna todavía de menor peso. Aún concediendo que la injuria hubiese sido un exceso que con base en el artículo constitucional que garantiza la libre manifestación de las ideas diera base a movilizar la fuerza pública, en ningún caso se podría justificar esa modalidad de “ley fuga” que se aplicó contra los manifestantes. Ni la posible equivocación táctica ni la eventual comisión de algún delito menor ofrecen base jurídica o política para desatar los hechos conocidos.
Al regresar los viejos métodos, se pretende, entre otras cosas, revivir las viejas tesis sobre los espasmos sexenales, según las cuales a seis años negros suceden seis blancos, que, cuidado, pueden enrojecerse si se le aplican “presiones injustificadas”. Contra esas concepciones, que implican que el gobernado lo espere todo de arriba, lo bueno y lo malo, pasivamente, se forma de unos años a esta parte una opinión que se propone construír relaciones sociales maduras, un sedimento de pensamiento y acción política independiente, con una dinámica propia, ajena y ¿por qué no? enemiga del viejo paternalismo.
La reacción contra esta corriente ha sido brutal, pero ésta no ha dejado de abrirse paso. Lo que ha conseguido la represión no es más que dividir cada vez más profunda y ampliamente al país entre leales y traidores. El usar jóvenes en la detentación de la violencia nos recuerda al plan de Nixon para “vietnamizar” la guerra utilizando a los nativos contra los nativos. Sólo que en el Sureste Asiático hay una guerra civil y se trata de una intervención armada extranjera.
EL ULTIMO ESCALON.- El estacionamiento de un impresionante comando de jóvenes armados con metralletas, pistolas, fierros y palos, pero desarmados de toda conciencia, educación y status, para atacar a la manifestación desde una calle paralela a la que ocupaba la columna, constituye un punto culminante de la escalada represiva, que aunado a la táctica ya tradicional de infiltrar agentes en la misma columna, se proponía montar la representación de un choque entre estudiantes de posiciones antagónicas.
A cambio de una inútilmente esperada acción de la mayoría silenciosa, dedicada en todas partes a cuestiones más edificantes como sus negocios y a poner a buen custodio su patrimonio material (y moral, claro), se adelantó la acción zombificada, fascistoide de una minoría oculta, a la que Abel Quezada ilustró en días pasados con una suástica movida por hilos de burda manera. La mayoría silenciosa, de cualquier manera, jugó su papel, asimilar con toda la avidez del caso, la desaseada, esperada respuesta que tranquilizara a su buena conciencia. Aquí entraron el jefe del Departamento del DF y el Procurador General de la República. Son choques entre facciones fanatizadas de los mismos estudiantes, a lo que la buena conciencia respondió: entonces los muertos no son tan importantes.
___“Soy un fantasma forjado por millones de mentes”
___AL CAPONE
___“No existen los halcones. Esta es una leyenda”.
Del insólito parecido de las dos declaraciones, surgen verdades indiscutibles. Dice Hans Magnus Enzensbergerque Capone es una figura perteneciente a la historia, pero también a la imaginación. Es un engendro de la fantasía colectiva, y en ese sentido un fantasma (o una leyenda): pero este fantasma es de una realidad más poderosa que cualquier hecho escueto. Los años veinte de Chicago, dice más adelante el autor alemán, proporcionan un modelo a las sociedades terroristas del presente siglo.
Desde que en los centros educativos del DF empezaron a funcionar los grupos de porristas que con diferentes nombres se dedicaron a tratar de nulificar por la fuerza y el amedrentamiento a los “comités de lucha” sobrevivientes de 1968, el ambiente de la ciudad quedó enrarecido. A cambio de su colaboración, los porristas recibían impunidad. De esa forma, virtualmente no hubo hogar al que no llegara un día un preparatoriano despojado de sus pertenencias, golpeado, o que simplemente no llegara. Los homicidios impunes menudearon. La inseguridad y la frustración se adueñó de toda una generación. El poder de los porristas se acrecentó hasta el grado de vender protección, servicio en los trámites escolares y hasta calificaciones, obtenidas también gracias al temor o a la complicidad de los profesores. Algunos de sus protectores, se dice, han alcanzado puestos de decisión en la burocracia universitaria.
Si en el sexenio pasado se especuló que la supremacía de las soluciones militares había convertido ya al país en una sociedad militar, ya que las fuerzas armadas se convertían en determinantes factores de decisión, en los días que corren no es difícil observar que el hampa que goza de fueros ha logrado desplazar hacia su conveniencia algunas decisiones. No es imposible imaginar, por ejemplo, que los terribles excesos (y, lógicamente, sus consecuencias) de la represión del día 10 hayan constituído un desbordamiento de estas fuerzas, por su naturaleza, tan difíciles de controlar. La zona de los hechos estuvo prácticamente a merced del hampa, bajo la mirada complaciente de los agentes uniformados. Autos robados y desvalijados, y ciudadanos golpeados, simples transeúntes, ajenos seguramente a los planes previstos por la represión.
Aún los discursos del presidente Echeverría, que hablan de planes de apertura y transformación inaplazables, tienen necesariamente que chocar con el poder real ganado en los puestos públicos, en los sindicatos y en los periódicos por los promotores, ejecutadores y justificadores de las soluciones represivas. Ese poder que está alerta para hacer prevalecer el polo negativo del lenguaje ambivalente, conciliatorio de la fraseología presidencial, y anular así toda posibilidad de cambio real. Ese poder que se ha erigido en un pasivo descomunal, y que al romper la legalidad el diez de junio, abrió una nueva crisis de confianza en la convivencia nacional.
La proclividad hacia la sociedad terrorista nos la pueden ilustrar quizá las comparaciones, semejanzas, correspondencias que surgen en el libro Política y delitodel profesor alemán mencionado:
“Capone y su gente no sólo abogaban por un ambiente familiar sano y moral, no sólo por una sólida formación religiosa, sino por un duradero orden social en general. Naturalmente que para ellos la institución de la propiedad privada era especialmente sagrada (...) Capone fue un decidido patriota. Sobre su escritorio estuvieron siempre los retratos de George Washington y Abraham Lincoln. Intachable era también su postura ante el comunismo: 'El bolchevismo llama a nuestra puerta. No debemos dejarle entrar. Tenemos que permanecer unidos y defendernos contra él con plena decisión. América debe permanecer incólume e incorrupta. Debemos proteger a los obreros de la prensa roja y de la perfidia roja, y cuidar que sus convicciones se mantengan sanas'”.
LA LINEA PATRIARCAL.- Si en la naturaleza histórica del poder está su cualidad de deificarse y erigirse en depositario de la verdad eterna, la transmisibilidad de ese tabú se ilustra en México por una cadena decreciente de deidades. De la mayor, de la que preside y administra los bienes del altar de la patria, se desprenden sacerdotes y sacristanes también con poderes mágicos e incuestionables en sus respectivos templos y sacristías. Cada secretario de Estado, director, jefe de departamento y encargado de oficina tiene sus creyentes adictos. Con él, hasta la ignominia; con él, se la juega. En otros campos de la vida mexicana sucede lo mismo: algunos líderes sindicales y hasta algún director de periódico se sabe tocado, ungido. Nunca se equivocan, y si alguien cuestiona sus verdades se convierte en un hereje, traidor.
___“Los hombres malos y rebeldes abundan hoy
___ mucho más. Los castigos por simple sospecha
___ o presunción de sus intenciones rebeldes y
___ traidoras, y castigo con la muerte al más
___insignificante desacato. Esto seguiré haciéndolo
___hasta que muera o hasta que la gente se
___comporte como es debido y cesen la rebelión
___y el desacato... Castigo a la gente porque todos
___de repente se han convertido en mis enemigos
___y adversarios”
___Muhammed Tughiak, Sultán de Dehli
Por la lógica de la paranoia no hay inocentes, comenta Enzensberger después de transcribir al sultan. Para el gobierno del Distrito Federal no existen los halcones y los fotógrafos y reporteros que le aseguraron que los vieron actuar, los que vieron y escucharon cuando recibían las órdenes de un agente uniformado, los que vieron cómo llevaban hasta los vagones de la policía a los jóvenes detenidos, es decir, aprehendían gente, los que los vieron descender de vehículos oficiales, los que captaron por la onda corta las órdenes superiores para que entraran en acción, los que leyeron las crónicas más o menos objetivas de la prensa diaria, los que vieron la red nacional de televisión y se enteraron hasta de secuestros, es decir, millones de gentes, tampoco existen para la versión oficial.
Pero esta forma de actuar mina no sólo la condición del gobernado como tal, sino que atenta contra los supuestos elementales de la convivencia. Obligar a toda una comunidad a bajar la cabeza y a resignarse a que lo válido es la mentira y que hay que olvidar lo evidente, es una regla muy peligrosa para la comunidad, porque atenta contra sus propias bases. La sospecha preside toda relación. Después de la mentira inicial, cuando la autoridad hace otras afirmaciones, como la de que sólo hubo diez muertos, la comunidad tiende a pensar que fueron cincuenta. Pero lo más grave es que no sólo la versión oficial sino también sus métodos, empiezan a ganar terreno, por transmisión, en la comunidad, hasta que llega el momento al que ya se ha llegado en el que aún los pequeños detalles de la vida diaria están envenenados por la mentira y la sospecha.
“Los embustes nos están matando mientras se matan a sí mismos”, escribe Gabriel Careaga, cuyo libro Los intelectuales y la política en México fue secuestrado meses atrás por la empresa que hizo la primera edición, y hoy ve su segunda publicada por Extemporáneos: “Cada día unas cuantas mentiras más devoran la semilla de la que nacemos, pequeñas mentiras institucionales en los periódicos, las oleadas de la televisión y las mentiras sentimentales de la pantalla. Son pequeños embustes, pero nos llevan a la demencia al agotar nuestro sentido de lo real”.
Se prepara ahora una manifestación de las organizaciones pertenecientes al PRI para apoyar la política presidencial. No es posible prever, por la premura con que hay que entregar estas líneas, lo que ahí se dirá y que ya se sabrá cuando este escrito aparezca. Pero una solución de tipo corporativista para los grandes problemas nacionales nos parecía lejana apenas unas semanas atrás, cuando el gobierno federal la impidió para la Universidad de Nuevo León. Las mayorías automáticas y acríticas de los sindicatos oficiales difícilmente podrán desvanecer los hechos que nos ponen otra vez al borde del abismo.
Es el momento de enfrentarnos con resolución a la verdad. Parafraseo a Careaga, quien parafrasea a Sartre: El que odia la verdad es un hombre que tiene miedo. Miedo de sí mismo, de su propia conciencia, de su libertad, de sus instintos, de su responsabilidad, de la sociedad, del cambio, del mundo, de todo
En realidad, al defender ferozmente el derecho a la propiedad privada, lo que defendía el desalmado hampón anticomunista Al Capone responsable de carnicerías como la masacre del día de San Valentín era su propiedad privada, su propio derecho a conservar todos sus bienes malhabidos, al igual que el duopolio de televisoras rapaces TELEVISA y TV AZTECA que al oponerse al socialismo y sugerencias de nacionalización y al defender el neoliberalismo económico a ultranza comenzado por Miguel de la Madrid, extremizado por Carlos Salinas de Gortari, y adoptado como política económica oficial por la derecha ultraconservadora en el poder a partir de la llegada de Vicente Fox a la silla presidencial en el año 2000, en realidad están protegiendo sus propios “derechos” para seguir siendo beneficiarios a perpetuidaddel limitado espectro radioeléctrico para transmisiones al aire libre que les ha dado dinero a manos llenas y que no conforme con las sumas multimillonarias que han amasado aún quieren más, mucho más, recurriendo a la difamación y la calumnia para denunciar en sus noticieros y en sus amañados editoriales cualquier intento de revocación de sus concesiones como “una entrega de México al comunismo”. Por otro lado, el muy “religioso” y muy “católico” Al Capone estaba consciente de que los tipos como él estaban terminando en la Rusia soviética con una bala en la nuca, estaba consciente de que jamás podría abrir una sucursal en Rusia si no fuese bajo una economía de libre mercado.
En el suplemento especial interior del mismo medio, en la página VI, aparecieron las siguiente reflexiones acerca de cómo casi inmediatamente después de la masacre se fué contruyendo la “verdad oficial”:
En el suplemento especial interior del mismo medio, en la página VI, aparecieron las siguiente reflexiones acerca de cómo casi inmediatamente después de la masacre se fué contruyendo la “verdad oficial”:
LOS AVATARES DE LA VERDAD
Argelio Gasca
Suplemento interior especial
14 de junio de 1971
La matanza del 10 de junio nos proporcionó una relativa ventaja: durante las siguientes 24 horas pudimos volver a leer entre líneas. Los periodistas habían sido agredidos y una delgada grieta se hizo visible en la mole lingüística (normalmente silenciosa) de los medios de información. Ciertamente, no desaparecieron las reticencias: la contradicción pasó a ser una hábil duda académica del dogma, un sutil desahogo sin riesgos. Pero el inconsciente habló: frente al análisis todas las reseñas embonan, cada declaración ofrece una idea explicativa indirecta, la verdad (la escatológica verdad) se vuelve rescatable. Salvo dos o tres artículos, la mayor parte del material informativo y polémico del viernes 11 de junio resulta deleznable: la evidencia es tan clara que se ha preferido la emoción, el rasgo iracundo y teatral, en perjuicio de toda lucidez. No es extraño: en las últimas décadas, los mexicanos nos hemos habituado excesivamente a la mentira, a la impotencia, al desconocimiento. Socialmente aceptamos la complicidad, pero individualmente somos canibalescos: el hombre es el lobo del hombre. No obstante, uno se pregunta: ¿qué dosis de mentira es capaz de resistir un pueblo?, ¿cuál es el límite humano para el terror?, ¿en qué medida la ignorancia es posible sin acarrear la autodestrucción? Interrogantes como éstas no tienen respuesta inmediata: son demasiado abstractas, demasiado profundas, suponen una fe. Por contrapartida, el análisis exige un escepticismo radical: prefiere los hechos, acaba en sí mismo y, si acaso, es fruto de la indignación intelectual. Esa es mi perspectiva.
LA MANIFESTACION
A partir del día 12, el contexto cambió: poco a poco, la atmósfera de irrespirable confusión pareció ceder. Y los culpables aparecieron: los estudiantes, sus líderes. En realidad, la acusación había sido lanzada por todos desde el día anterior: al condenar la manifestación, todos los sectores aceptaron de factum la frase de muchos jóvenes priistas y de algún escritor: “la manifestación fue cosa criminal, por parte de quienes la organizaron. Sabían que nada conseguiría, y conocían su único posible desenlace”. Pero el horror, el escándalo que produce semejante afirmación posee un significado paralelo al de la otra condena (supuestamente izquierdista): fue un error político, no había banderas demostrables. Consignemos: México es un país irreflexivo. La costumbre (nuestro clima político) nos ha inclinado, con exceso, al repudio del detalle. esa minucia indispensable del razonamiento, esa pequeñez sin brillo ni demagogia. Así, los avezados hablan de una táctica política, sin precisar ninguna estrategia: supuesto previo. Así, los indignados señalan una provocación. Palabras, términos, palabras. ¿Y ellos? Los mexicanos con juicio han olvidado con demasiada rapidez los hechos de 1968: su pensamiento abstracto (defensivo) ha eliminado (para su tranquilidad) el cuerpo, el pensamiento y las inquietudes de toda una generación estudiosa. No es necesario citar aquí el artículo noveno de la Constitución, que los estudiantes conocen. Incluso podemos pasar por alto sus demandas: reforma educativareal (concepto harto explicado por algunos editoriales peridísticos), libertad de los presos políticos, ejercicio realde la voluntad ciudadana, etc. Pero es inútil empeñarse en ocultar, negar, impugnar la realidad humana de esa juventud: su realidad física. Los viejos han terminado por establecer una igualdad entre ideal e idealismo: con ello han podido decirse que están por el realismo sin tener que deslindar responsabilidades. Los viejos han logrado sobrevivir al amparo de una cálida emoción patriótica: la unidad nacional. En el fondo, los viejos han evitado su frustración: al convertir el contenido cualitativo de sus aspiraciones, se hicieron aceptables para un establecimiento que los hostilizaba desde un principio. Por eso creen en la tranquilidad, por eso quieren creer en las afirmaciones demagógicas. Y por eso no entienden a los actuales estudiantes. La nueva frustración ya no es tan sólo teórica: los jóvenes han estado en las cárceles, han sido masacrados, son agredidos cotidianamente por “las porras”. Y nadie reclama: el más ominoso silencio los rodea, el derrotismo que se les aconseja contradice a los libros que han leído...
Con tales antecedenes, no resulta convincente recomendar la sumisión sin la aceptación necesaria: el fascismo, la vida militar: veneración fetichista del lábaro patrio, existenciacomprobada de cuerpos de choque con suficiente adiestramiento, ritualización sistemática del martiriologio nacional, arbitrariedad cotidiana a todos los niveles, ciega obediencia a cualquier insinuación oficial... Pero no es necesario: la verdad está a la vista de todos, aunque callemos. Las cabezas a ocho columnas de todos los periódicos de hoy, junio 14, lo demuestran: la versión policiaca, pese a todas las pruebas publicadas en los días anteriores, es la versión justa, la verdadera. El ejercicio de un periodismo crítico produce risa: el boletín, las frases del boletín, y la confusión de las mentes... Cuando alguien se atreve a decir que una manifestación no debió salir porquese sabía que sería masacrada, la conclusión rebasa la obviedad: toma la libertad que te da papá y no pidas más o... pagarás con tu vida. Es cierto, los estudiantes no deben manifestar más: la policía los vigila.
LOS HECHOS
El día 11, la información presentada por algunos periódicos era grotesca: adelantándose al irreprimible debate, ofrecieron la visión que finalmente se impondrá: los estudiantes iban armados, son ellos los culpables. Mas nada escrupulosos, no vacilaron en transcribir (junto a su versión) el boletín policiaco de esa noche: curiosamente, coincidía, punto por punto, con todo lo que sus reporteros habían visto. Por desgracia, los reportajes publicados por otros diarios los desmintieron, no siempre abiertamente. Uno de ellos, el más hábil, precisamente el único que a veces se atreve a disentir, fue demasiado lejos: contradiciendo su propia nota informativa (cautelosa y ambigua), en su editorial protestó porque contra una inofensiva manifestación “se dispuso un amplio aparato de vigilancia que entró en acción desmesuradamente”. Pero advirtamos: todas las reseñas conocidas estuvieron de acuerdo al aceptar que “la policía uniformada no intervino en la gresca”. De la dicotomía evidente se desprenden numerosos puntos oscuros que es preciso destacar:
(1) Desde las 12:00 (dato ofrecido por la policía) se suspendió el tránsito en una vasta zona cercana al sitio de los hechos. Esto prueba: (a) que se trataba de una operación represiva calculada, y (b) que hubo suficiente vigilancia como para advertir de la presencia de los Halcones.
(2) Un croquis de El Heraldo de México estipula las posiciones originales de este cuerpo agresor, sólo que no indica cómo y en qué momento fueron delimitadas las mismas.
(3) Un reportero señala que cuando se inició la agresión “algunos de los manifestantes utilizaron los altoparlantes que llevaban e invitaron a los estudiantes a mantener la cordura”. Esto recuerda demasiado la matanza de Tlatelolco, en donde los líderes invitaron también a evitar la provocación cuando eran agredidos.
(4) Antes de iniciarse la golpiza, la manifestación fue detenida por un contingente de granaderos. Según un reportero, su comandante, coronel Emanuel Guevara, dijo a los estudiantes que “no tienen permiso para hacer la manifestación y que la policía tiene órdenes de impedirla a como dé lugar”. Otro reportero, de otro diario, agrega que el mismo coronel les advirtió a los manifestantes “que eran llevados al peligro” de no obedecerle. Los comentarios resultan innecesarios.
(5) Cuando la columna llegó al cruce de Maestros con México-Tacuba, acepta un matutino, “se produjo el estallido de una granada de gas, al que siguió la aparición de uno de los primeros grupos” de Halcones. ¿Quién lanzó esta granada? ¿No fue una orden convenida, como la luz de Bengala en Tlatelolco?
(6) Uno de los reporteros reconoció de inmediato a los Halcones. Así se desprende de muchas de sus frases en su nota informativa. Una de ellas, suple a la ironía suma: “aún los judiciales tienen dificultades para pasar por las vallas que aquellos (los Halcones) han tendido”.
(7) Otro reportero narra cómo se propuso protegerse de la agresión estando con los granaderos. Al respecto, dice: “Logramos nuestro propósito y desde ese momento quedamos al amparo de las fuerzas policiacas, mezclados incluso con los propios llamados Halcones”. Nótese que la policía, según declaración oficial, no intervino en ningún momento.
(8) Ese mismo reportero añade: “Momentos antes por la radio de una patrulla se supo que los Halcones tratarían de tomar el hospital Rubén Leñero”. Pero ese comentario se complementa con éste, de otro periodista: “Se escuchaban reportes por la radio policiaca (...) Había órdenes de sacar del Rubén Leñero a estudiantes que se habían refugiado allí”.
(9) Para redondear la información anterior, extraemos el siguiente párrafo de otra nota periodística: “En la Cruz Roja, dos cuerpos fueron recogidos y conducidos a sitios desconocidos en un camión de la Dirección General de Mercados”.
(10) Para acabar de entender lo anterior, es conveniente no olvidar que casi todos los diarios reconocieron que los agresores arribaron en unos camiones grises. Incluso se dió el número de una de las placas: AB-821.
(11) Para destacar aún más la colaboración, transcribo: “Los grupos agresores pudieron avanzar debido a los gases lacrimógenos que lanzaron los granaderos contra los perseguidos”.
(12) El primer día, la policía presentó a dos adolescentes como presuntos francotiradores. Uno, dijeron, fue detenido cuando estaba disparando desde uno de los edificios. Un reportero interrogó a este joven alumno de Secundaria (Juan Pablo Miller Trías), quien afirmó haber sido detenido “por estar de mirón desde su camioneta”. Un día más tarde, la policía modificó su información: lo había detenido en compañía de un amigo cuando ambos huían en una camioneta cargada de armas.
(13) La policía dice haber practicado 159 detenciones. ¿Quién las practicó si los uniformados no intervinieron nunca? La respuesta la dan los propios reporteros: “Se golpeaba gente que después era subida en camiones”.
Las anteriores son sólo unas cuantas cuestiones no aclaradas, que no se aclararán jamás. La prueba ha sido ya difundida: los representantes del Sindicato Nacional de Reporteros de la Prensa y de la Asociación de Reporteros Gráficos de los Diarios de México presentaron a la Procuraduría General de la República abundante información sobre la existencia de los Halcones. Pero ésta ha sido puesta en duda, ha sido negada finalmente, y uno tendría que aceptar lo incomprensible de los fenómenos sociales. Sólo que hay una respuesta posible: el fascismo.La libertad en México no está asegurada. La libertad en México no existe. Nuestra expresión está hecha de verdades entendidas, de alusiones programadas, de regresiones inaplazables: un nuevo “juicio” monstruoso nos espera mañana, y estamos obligados a aceptar a los “culpables”.
LA ATMOSFERA FUTURA
Resulta divertido leer la protesta (solapada) que publicaron los dos diarios irresponsables del país el día 11 de junio. Se quejan de la policía: uno de los reporteros se metió en la Octava Delegación buscando ver los cadáveres de las víctimas. Un oficial se indignó por esto: el teniente Luis León Cortés. “Nadie puede pasar, gritó”, según el reportero. Quien agrega que aquél “ordenó a uno de sus subordinados: ¡Por qué lo deja pasar! Ya sabe las instrucciones. ¿Para qué quiere el arma?”.
Resulta divertido contemplar el ingenuo deseo de querer seguir siendo periodista, es decir, la irrefrenable necesidad de contar con “influencias”. Este es el clima del país desde siempre: el fuero jerárquico, la protección difícilmente adquirida. Pero esta textura, esta atmósfera, ha logrado su asentamiento definitivo: hemos llegado al mundo idealpor el que tantos hombres aceptan la corrupción como mal necesario. De ahora en adelante, las vidas serán siempre tranquilas: no es necesario el leer los periódicos, para qué, como diría un buen padre de familia. La información estorba. En el futuro seremos los buenos mexicanos, contentos de progresar y trabajar en paz: aislados, enemistados el uno con el otro (cada quien agarrará para su santo), incultos, analfabetas, felices... como lombrices. Hemos alcanzado al fin la aspiración del hombre medio del país: los militares podrán andar como en su casa (ya andan), mientras los ciudadanos hacendosos se ocupan... de sus hijos. No es necesario hablar aquí de la catástrofe económica nacional: de ella han hablado ya los economistas oficiales. Aquí nos basta con reconocer la contradicción inicua: una generación de estudiantes pudo al fin medioleer y ahora debe olvidar todo lo aprendido para salvar su vida. Nuestro destino está decidido. Los viejos estarán contentos, desde sus puestos de mando podrán vivir la desbordante (informe, grasosa) emoción que hace posible la profunda complacencia. Descansen en paz.
En el suplemento especial interior del mismo medio, en la página X, aparecieron las siguientes reflexiones acerca de cómo prevalecía desde un principio la angustiosa sensación de que todo iba a quedar en la más completa impunidad sin que jamás se castigara a nadie, ni a los autores materiales ni a los autores intelectuales, a los segundos por tratarse de gente muy importante, intocable, y a los primeros para que no hablaran en caso de sentirse traicionados al negárseles la protección que se les había prometido:
LA SANGRE NOS HA VUELTO VIEJOS
Sergio Gómez Montero
Suplemento interior especial
Revista Siempre!
14 de junio de 1971
Hablo, a veces, de las horas de delirio y soledad... Pero hoy no, cuando las imágenes del jueves 10 permanecen tercamente imborrables: otra vez la sangre brotando de la cara y de los brazos y del pecho y de las piernas y del estómago de hombres, de jóvenes, de niños, sangre que quedó allí en las calles, manchando el piso de las paredes y de las aceras. Me pregunto, ¿qué puede decirse entonces, cuando la muerte avanza uno tras otro, amenazando con el grito -“Che, Che, Che”, “Mé-xi-co li-ber-tad”- o el silencio, sólo el puño en el aire, ejecutando un gesto de desprecio e insulto-?. Y me quedo en silencio porque escucho el estampido de las balas y el llanto del pequeño que llora en los brazos de su madre. Me tiemblan las piernas antes de echar a correr -ahora de las balas no solo escucho su estampido: también las oigo silbar sobre mi cabeza-: nada se tiene para hacer frente a los disparos, a las ráfagas de la metralleta que dejan tendidos a mitad de la calzada, los cuerpos de dos jóvenes que no alcanzaron a cruzar y que -¿quién lo comprobará, quien dirá la verdad sobre ellos?- quizás ya nunca vuelvan a ver la luz. Hace cinco minutos yo estaba ahí: caminando por la calle unido a la manifestación, sonriendo porque en miles de jóvenes hay el deseo de protestar, de demostrar que nadie los engaña. Pero la sangre nos ha vuelto viejos, nos ha borrado la risa de los labios, nos hace preguntar si debemos salir a las calles a encontrarnos con las balas con solamente nuestro cuerpo indefenso y esa viva palabra que se enfrenta a la muerte sin saberlo. Y antes -¿lo recuerdas, Gerardo? ¿lo recuerdas, Edmundo?- los asesinos al servicio del gobierno -los Halcones- leyendo Lágrimas y risas (las pancartas provocadoras tiradas sobre el pasto, las armas de fuego escondidas bajo las ropas) en la Alameda de Santa María: la mirada turbia que nos ve, la mirada llena de odio que, después, sólo por un instante pudimos ver, porque de ella, convertida en armas de fuego -fusil, pistola o metralleta-, comenzaron a brotar las balas: sí, eso fue: droga para no pensar en la muerte -ni en la de ellos ni en la de otros- y para excacerbar hacia los otros, así, sin importar ni profesión ni nombre, solamente los otros.
Pero basta ya de palabras: ya no más delirio; soledad sí -la soledad de un hombre en guerra-, si es necesario, si es necesario ahora cuando los fuegos están encendidos en esta incuestionable hora de los hornos.
¿Hoy quién se quedará con los brazos cruzados, con las palabras cruzadas?
Por último, en el suplemento especial interior del mismo medio, en la página XI, aparecieron las siguiente reflexiones breves que siguen siendo válidas aún hasta nuestros días:
Espacio para la vergüenza
Jaime Augusto Shelley
Suplemento interior especial
Revista Siempre!
14 de junio de 1971
¿Testimoniar? ¿Denunciar? El papel y la tinta valen poco en este país, pero también otros asuntos tienen escaso valor o cuestan poco.
El criminal sacrificio de no se sabe cuántas personas ajenas o participantes en los sucesos del día 10 de junio pasado, la indolencia de los otrora implacables granaderos, reducidos al papel de simples espectadores de la represión y de la matanza; el coro de exculpas y versiones evasivas frente a las evidentísimas pruebas mostradas por la prensa, nacional y extranjera, y por los estudiantes, al parecer tampoco valen mucho... En realidad, no valen nada.
Se creyó, en 1968, que en este país ya no podía haber más espacio para la vergüenza y es evidente que nos equivocamos.
Si cada vez somos menos capaces de expresarnos cívicamente por los medios previstos por la Constitución, mientras nos sometemos cada vez más al sistema de terror, complacidos y gozosos de sentirnos -ni no libres, como las gallinas grises en el coto de caza-, por lo menos vivos, quepan entonces los dolidos versos del poeta dominicanoPedro Mir para definirnos:“Este país no merece el nombre de país,
sino el de tumba, féretro o catafalco...”.
Cuando el Partido Acción Nacional, el partido de las derechas así como de las ultraderechas encubiertas, accedió a la silla presidencial en el año 2000, cuando el otrora invencible PRI fue destronado del poder, algunos ilusos creyeron que con el “cambio”, que con la “alternancia”, por fin se abrirían los expedientes del Jueves de Corpus que habían sido mantenidos deliberadamente congelados, reponiéndose las muchas pruebas y evidencias en poder de las autoridades que fueron deliberadamente destruídas. Se sabía que mientras el PRI ocupara la silla presidencial, el genocidio de Tlatelolco ocurrido en 1968 y la matanza del Jueves de Corpus ocurrida en 1971 permanecerían como expedientes abiertos acumulando polvo. Después de todo, de 1971 al 2000 habían ocupado la presidencia varios hombres de extracción priista que habían ordenado terminantemente que esos expedientes no se tocaran en el transcurso de sus respectivas administraciones. Y se creía que, al perder el PRI la silla presidencial entrando en su lugar una administración no-priista, por fin las ruedas de la Justicia entrarían en acción. Sin embargo, y al menos en lo que toca al Jueves de Corpus, esto no ocurrió. Y no podía ocurrir, era imposible que ocurriera, porque las mismas fuerzas siniestras que habían estado infiltrando paulatinamente al PRI en sus años de hegemonía eran las mismas fuerzas que ya sintiéndose lo suficientemente fuertes terminaron echando al mismo PRI de la silla presidencial. El PRI ya no les era necesario ni útil para continuar adelante con sus planes, es más, les era un estorbo, y al sacarlo del poder era lógico que estas fuerzas ocultas mantuvieran en pie la protección total de aquellos personajes siniestros e intrigantes que, a fin de cuentas, fueron los verdaderos autores intelectuales de los ríos de sangre que fueron derramados por quienes proclamándose en público como “anticomunistas” en realidad no eran más que los cabecillas dementes de una secta fanática de alucinados que estuvo creciendo a pasos agigantados manteniendo su existencia y sus planes en el más absoluto secreto mientras el resto de México dormía.
La pregunta es inevitable: ¿Cómo fue posible que se tuviese la enorme osadía de llevar a cabo en la más completa impunidad una nueva masacre de estudiantes desarmados e indefensos en la Ciudad de México a tan sólo tres años después que se cometiera el genocidio de Tlatelolco? La respuesta sólo puede ser una sola: porque muchos de los cómplices e infiltradores que ocupaban puestos clave en el gobierno en 1968 seguían siendo los mismos personajes ubicados en posiciones estratégicas en 1971, empezando por el mismo Presidente Luis Echeverría que en 1968 había sido Secretario de Gobernación y como tal tenía metidas sus manos hasta el fondo en el genocidio de Tlatelolco. El entornoseguía siendo el mismo, no había cambiado en nada.
Antes de proseguir, vale la pena hacer un repaso sobre el origen de la palabra “Halcones” con la cual se identificó desde un principio (mucho antes de que se llevara a cabo la masacre del Jueves de Corpus) a los cientos de enajenados que fueron reclutados para formar parte de estas mortíferas fuerzas de choque inspiradas directamente en el modus operandi de las Tropas de Asalto de la Alemania Nazi. La palabra fue seleccionada finalmente de entre muchas otras posibilidades en base a dos factores. El primer factor de inspiración fue una popular revista de historietas de cómics publicada en México por Editorial La Prensa. Se trata de El Halcón Negro, historieta clásica “Hecha en México”, publicada por la Editorial La Prensa, la cual trataba acerca de una fuerza multinacional que entre otras muchas cosas heroicas se dedicaba a combatir el comunismo. La escuadra estaba compuesta por un frances, un chino, un alemán, un norteamericano y otros. Sus uniformes eran del tipo casaca militar azul con botas y quepis. Algunos de estos cómics interesantes están disponibles para su descarga gratuita y lectura en la bitácora Comics de La Prensa, los cuales ilustran la manera en la cual se entretenían los niños y los jóvenes de aquella época cuando no había videojuegos ni Internet. En realidad, las historietas más que un ideario de doctrina anticomunista eran relatos fantásticos tales como la historieta “El hombre que robó el universo” que presenta a los halcones luchando contra Tenebros, seguido por “El misterio de los selenitas” en la cual los Halcones se topan con una amenaza del espacio exterior y cruzan 384,000 Km para llegar hasta la Luna, o bien “El huracán criminal” en donde los halcones luchan contra las fuerzas de la naturaleza, finalizando con “El novio de Vanessa” una jocosa aventura en donde el verdadero Halcón Negro es confundido con un robot por su eterna admiradora Vanessa. La siguiente captura de imagen nos muestra la portada de la revista número 16 publicada el 30 de noviembre de 1952 bajo el título “La rueda destructora”:
En la siguiente captura de imagen, tenemos la portada de la revista número 32 publicada el 31 de marzo de 1954 bajo el título “La máscara mortal”:
Los Halcones Negros, como ya se dijo, eran en esencia unos héroes de una naturaleza anticomunista que iba acorde con las actitudes del establishment aquella época según la cual los Halcones Negros eran los “buenos” y los comunistas de la Unión Soviética eran los “malos”, y nada lo ilustra mejor que la portada de la revista número 17 publicada el 31 de diciembre de 1952 bajo el título “La esclavitud de Siberia” (las estepas siberianas eran el lugar predilecto adonde desde los tiempos de la monarquía zarista eran enviados no sólo los criminales de la peor ralea sino también los presos políticos a los cuales se les perdonaba la vida pero de cualquier modo se les obligaba a efectuar trabajos forzados enfrentando temperaturas bajo cero que seguramente era castigo más que suficiente para reformarlos sin dejarlos con ganas de reincidir en hábitos nocivos para la salud del Estado):
Sin embargo, aunque el Halcón Negro había empezado en sus orígenes como una escuadrón anticomunista, en realidad era descrito en las historietas como un grupo combativo dispuesto a luchar contra el Mal en cualquiera de sus expresiones, no solo el comunismo sino también científicos locos y hasta extraterrestres. Es importante recalcar que en sus aventuras aunque los Halcones Negros eran anticomunistas, no eran una fuerza paramilitar de choque Nazi o inspirada en el fascismo en cualquiera de sus formas. No tenían absolutamente nada de Nazi ni de fascista. Sin embargo, eran héroes anticomunistas, y esto fue suficiente para que los planificadores de la matanza del Jueves de Corpus se empezaran a fijar en ellos para tomarales prestado el nombre a estos personajes ficticios y así “bautizar” a sus propios engendros que, para variar, actuaban en la vida real como verdaderas fuerzas criminales de choque tipo Nazi sin ningún respeto ni consideración para la vida humana. De este modo, los personajes de estas historietas cómicas fueron una razón para inspirar el apelativo utilizado para identificar a los miembros de “Los Halcones” que llevarían a cabo la matanza del Jueves de Corpus. Sin embargo, esta no fue la única razón, esto es tan solo una parte de la historia. Además de que el apelativo de Halcones fue tomado de aquella revista de historietas tipo comics muy popular en aquella época, hubo también otro factor detrás de la selección. Los “Halcones” como “aves” eran considerados como “compañeros de vuelo” de otras aves, aves como las águilas, o como los búhos, los Tecolotes, los Tecos, ocupando desde la penumbra estos últimos un nivel jerárquico superior por la sabiduría que simbolizan estas aves nocturnas:
En la noche trágica del Jueves de Corpus, en ese 10 de junio de 1971, en cierta reunión muy privada en la que tomaron parte los principales directivos y dueños de cierta universidad privada de Guadalajara, encabezados por el Rector de la misma celebraron y festejaron con un brindis complementado con birria de Tlaquepaque y con bocadilos y canapés lo que ellos llamaron entonces “nuestro triunfo en contra del comunismo internacional”, preparándose para continuar con sus actividades normales a la siguiente semana con una campaña de promoción para el siguiente ciclo escolar de su “casa de estudios” anunciándose como “una universidad privada que por estar incorporada a la UNAM” podía expedir títulos profesionales universitarios de la misma UNAM. Podía, hasta que tiempo después esa incorporación tan malagradecida por aquellos cuervos ingratos y asesinos sería terminada con un corte quirúrgico preciso al cordón umbilical.
Sin excepción, todos los participantes en ese festín de las hienasllevado a cabo en Guadalajara eran funcionarios universitarios del más alto rango. Y todos, sin excepción, llevaban una doble vida. En su vida pública, se presentaban como hombres muy apreciados por la sociedad tapatía, como gente de bien, culta, educada, con altos valores morales. Pero en su lado oculto, todos ellos compartían un terrible secreto. ¡En la mayoría de las ocasiones, ni siquiera sus propias esposas conocían nada acerca del terrible secreto que les escondían tan celosamente sus cónyuges, maestros consumados en el arte de la simulación y el engaño! Todos ellos eran los fundadores y cabecillas de una terrible organización de extrema derecha que tenía puestas sus miras a largo plazo en la silla presidencial, en la conquista del símbolo del poder supremo en México. Y todos ellos compartían una ideología ferozmente antisemita, de carácter neo-Nazi.
Entre ellos estaba el Doctor Luis Garibay Gutiérrez, un médico el cual por cierto jamás en su vida concluyó los estudios universitarios que corresponden al grado académico de Doctorado (los Doctorados que presumía eran todos Honoris Causa otorgados por otras casas de estudio que ignoraban la ideología secreta que era promovida por este individuo). En su vida privada, en su círculo cerrado, echaba pestes de todo tipo en contra de los judíos, en contra de los homosexuales, en contra de las fraternidades masónicas, en contra de todas las filosofías de corte socialista, y mil cosas más. Públicamente, era el Rector de la Universidad Autónoma de Guadalajara. En su vida oculta incluso para varios de sus familiares cercanos, supervisaba la inducción masiva de jóvenes incautos hacia la organización de extrema derecha que había nacido prácticamente desde los primeros meses de la creación de la universidad de la cual era Rector, así como el financiamiento y la distribución masiva tanto en Guadalajara como fuera de Guadalajara de propaganda radical de corte fascista. En privado, hacía chistes y bromas crueles que si hubiera dicho públicamente una sola de ellas le habría costado la pérdida de por lo menos uno de los Doctorados Honoris Causa que le habían dado. Admiraba y alababa a Adolfo Hitler y a Francisco Franco, y lo que más lamentaba era que Hitler hubiera perdido la guerra y no pudiera apoderarse del mundo para así asesinar a todos los judíos borrándolos de la faz de la tierra. Justificaba el Holocausto llevado a cabo en los campos de concentración Nazis de la Segunda Guerra Mundial como “algo un poco desagradable pero necesario”. Y así con la misma facilidad con la que expresaba estas estupideces y dislates en el entorno de su círculo cerrado de cómplices, recibía en otros días con los brazos abiertos a funcionarios académicos de Nueva York o de Los Angeles de innegable ascendencia judía para recomendarles y promocionarles la Escuela de Medicina de la Autónoma de Guadalajara que ya para entonces se estaba convirtiendo en una muy buena fuente de ingresos en dólares, dinero que estaba siendo utilizado no sólo para financiar la expansión acelerada del centro de diseminación del fascismo encubierto y de sociedades secretas de extrema derecha más grande del continente americano, sino también para el financiamiento masivo de la impresión y distribución de la misma propaganda de corte extremista que requerían para “convencer” y fanatizar casi hasta el borde de la locura a todos aquellos jóvenes desprevenidos que cayeran en sus garras. Hipócritamente, y en el colmo de la disimulación, en público invitaban a los jóvenes judíos norteamericanos a inscribirse en la Escuela de Medicina a la vez que privadamente desecraban juntos con sus colegas y seguidores algunos de los símbolos más sagrados del judaísmo. ¿Y cómo explicaban estos fascistas rabiosamente antisemitas tales incongruencias a sus seguidores? Pues usando frases tales como “hay que sacarles todos los dólares que se puedan a estos judíos pendejos para después usar su dinero en contra de ellos cuando llegue el momento” (en realidad, la prioridad de todos estos buitres, principalmente los Leaño, era y sigue siendo incrementar sus cuentas bancarias y sus posesiones materiales para pudrirse en dinero a manos llenas, en aras de lo cual están dispuestos a mandar matar a cualquiera que vean como un posible estorbo a su inacabable voracidad).
Otro que estuvo presente en el brindis de celebración “por nuestro triunfo en contra del comunismo internacional” era “el güero” Carlos Cuesta Gallardo, precisamente el mexicano “ario” que tuvo “el honor” de viajar a la Alemania Nazi para recibir entrenamiento ideológico de extrema derecha (y muy posiblemente los planes secretos para instaurar en México un gobierno Nazi adaptado a la ideosincrasia mexicana), del cual se decían cosas terribles en Guadalajara, del cual se rumoraba que había estado detrás de la planificación y la comisión de crímenes y asesinatos llevados a cabo en las más bárbaras condiciones de brutalidad, pero al cual por alguna razón jamás se le había tocado y en contra del cual por alguna razón no había ninguna denuncia en contra suya que pudiera prosperar en la Fiscalía de Jalisco. Su intolerancia atroz y su rabia en contra de cualquiera que tuviera ascendencia judía era de sobra conocida por quienes tuvieron el “privilegio” de tratarlo de cerca. El odio feroz que destilaba este hombre intolerante con complejos mesiánicos era compartido por otros chacales de su misma ralea que también estuvieron presentes en el festín para conmemorar alegremente la matanza “de los comunistas del Jueves de Corpus”.
También estaba presente en la celebración otro tipo muy apreciado entre ellos por su sadismo sin límites, una “cualidad” que creían que les era de gran utilidad en su “combate” a quienes consideraban cómplices de “la gran conspiración judía masónica comunista” pero que en realidad y la mayoría de las veces ni eran judíos ni eran masones ni eran comunistas sino gente inocente que tuvo la mala suerte de que estos chacales le pusieran los ojos encima viéndola como un estorbo en su terrible conjura y en sus planes de expansión aplicándole a sus víctimas toda la brutalidad que eran capaces de desplegar sin darle siquiera a los “acusados” el beneficio de un juicio previo en el que se les diera la oportunidad de poder defenderse de las acusaciones o de las sospechas ya que para estos seres enfermos de mente y espíritubastaba la sola sospecha de cualquiera de ellos para proclamar culpabilidad -sintiéndose casi dioses- y ordenar el “castigo apropiado”. Se trata del bastardo Raymundo Guerrero Guerrero,el cancerbero de la UAG, el cual se deleitaba haciendo sufrir de mil maneras distintas con saña inaudita a quienes caían en sus manos, con tan negros sentimientos en su corazón que si hubiera nacido en tiempos de Hitler sin duda alguna podría haber ocupado el mismo lugar de Heinrich Himmler.
En realidad, tanto Luis Garibay Gutiérrez como Carlos Cuesta Gallardo y otros eran tan sólo frentes, frontispicios por así decirlo, para otro individuo cruel y despiadado cuya mirada dura y fría en ocasiones daba un asomo al antisemitismo rabioso que hervía en sus venas, un tipo llamado Antonio Leaño Álvarez del Castillo:
Este tipo reunía en una personalidad compleja varias características que en ocasiones se antojaban hasta contradictorias. Era una mezcla bizarra de un pseudo-catolicismo tipo cristero rayando en el fanatismo revuelto a la vez con un antisemitismo exacerbado, era tan ambicioso como despiadado, tan cruel como soberbio, tan codicioso como criminal e inhumano, intolerante en grado extremo hacia otros que no pensaran como él o que se interpusieran en el camino que se había trazado para convertirse no sólo en un hombre sumamante acaudalado explotando la histeria anticomunista que él mismo fomentaba sino también en el hombre más poderoso de México sin tener que estar sentado él mismo en la silla presidencial dando la cara. Sabía que los Presidentes iban y venían, pero que aquellos o aquél que pudiera tener una fuerza dominante detrás del telónpodía aspirar a ser una especie de monarca permanente, el poder detrás del trono. Carecía por completo de escrúpulos en usar hasta la misma religión y la Cruz de Cristo como un medio parasantificar las ceremonias pseudo-religiosas de la terrible sociedad secreta criminal de la cual él era el líder supremo. El esclavizantejuramento de lealtad que en medio de símbolos religiosos les extraía a los iniciados en su secta clandestina Tecos era un juramento de lealtad que encadenaba a todos a él. Estaba acostumbrado a mandar como si fuese el General de un ejército grandioso y glorioso y a que se obedecieran sus órdenes al pie de la letra, lo cual incluía la comisión de crímenes salvajes y brutales con los cuales este individuo terminó con sus manos empapadas con ríos de sangre ajena. Jamás les dió la cara a la mayoría de sus víctimas, y no tenía por qué hacerlo sintiéndose casi un dios situado por encima de las leyes del país gracias al creciente poderío que estuvo amasando en sus manos a base de intrigas, traiciones, simulaciones y engaños. Y también, tras bambalinas, él siempre fue uno de los más importantes promotores de la literatura-propaganda de la extrema derecha antisemita en México, en muchos casos financiándola con parte de los ríos de dinero que le entraban por la vía de los estudiantes norteamericanos inscritos en la Escuela de Medicina de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Consideraba la promoción de esa literatura enajenante de corte fascista como una buena inversión a largo plazo, ya que de esta manera podía ir acrecentando las legiones de alucinados que se le entregaban a él como a cualquier otro mesías fantoche de los que explotan la ignorancia y la buena fé de sus enceguecidos seguidores. Se sabe, que a través de Carlos Cuesta Gallardo que era su contacto directo con la Embajada de la Alemania Nazi en la Ciudad de México, este hombre impuro logró establecer contactos de alto nivel con el Tercer Reich y que inclusive llegó a forjar acuerdos y planes importantes a seguir en alianza con igualmente importantes funcionarios del Nazismo europeo conforme el fascismo alemán fuera extendiendo su alcance y su esfera de influencia como ya lo había hecho en la España fascista con la imposición de Francisco Franco como dictador vitalicio en la península ibérica. Es muy posible que Antonio Leaño Álvarez del Castillo, al igual que el fascista belga Léon Degrelle en Bélgica y el fascista Corneliu Zelea Codrenau en Rumania, tenía puestas sus miras en algo similar para él en caso de que el Nazismo alemán extendiera su influencia hasta el continente americano, dispuesto a venderle el alma a los Nazis a cambio de que lo impusieran como dictador vitalicio de México como lo hicieron con Francisco Franco en España. Tomando en cuenta que para los Nazis el establecimiento en México de una esfera de influencia con lealtad al mismo Hitler era algo extraordinariamente importante para la eventual conquista del mundo imponiendo el fascismo alemán sobre el planeta Tierra, es muy posible que los Nazis le hayan ofrecido algo a cambio de su lealtad. Cualquier cosa que le hubieran ofrecido los Nazis, sobre todo tratándose de poder autocrático y absoluto, habría sido muy bien recibida por Leaño Álvarez del Castillo, el cual no hubiera tenido reparo alguno en vender a su propia patria y a sus propios coterráneos a cambio de un poder omnímodo como el que ya ejercía dentro de las paredes de la universidad privada que contribuyó a fundar con tal propósito oculto en mente. Sin embargo, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la eventual derrota de Hitler no solo truncó cualquier plan ambicioso que pudiera haber forjado con los Nazis, igualmente quedaron huérfanos todos los movimientos fascistas que los Nazis habían estado propiciando en el continente americano como lo hicieron en Argentina y Paraguay. Cualquier acuerdo no-escrito al que hubiera llegado este sujeto con los Nazis no sólo quedó trunco, sino que se llevó a su tumba todos los secretos relacionados con este importante agujero en la Historia que posiblemente permanecerá como un misterio impenetrable (pese a que la base de datos con la que cuenta Spectator es vasta, este es uno de los pocos secretos de los que ni siquiera Spectator tiene detalle alguno, y si Spectator no tiene información alguna al respecto lo más probable es que nadie más la tenga). Todavía hasta hace poco no era bien conocido el hecho de que además de cofundar con sus compinches la siniestra sociedad secreta de ultraderecha Tecos, Leaño Álvarez del Castillo proporcionó a través de sus subalternos el entrenamiento en Guadalajara acerca de las metodologías y los rituales y los métodos de operación y las estrategias para la fundación de todo tipo de sociedades secretas de extrema derecha fuera del Estado de Jalisco, destacando de modo prominente la Organización Nacional del Yunque, la creación excelsa de los Tecos que es hoy por hoy la más grave amenaza que pueda haber para la seguridad nacional de México. El plan original era mantener al Yunque todo el tiempo bajo control de los Tecos, ya sea jerárquicamente en forma directa o por la vía de la infiltración (con Tecos incrustados como dobles agentes dentro del Yunque fingiendo ser Yunquistas sin serlo), aunque las cosas empezaron a salirse fuera de control y pese a varios crímenes bestiales y sangrientos para mantener el predominio, el resultado final es que se terminó levantando un monstruo tipo Frankenstein de la mesa de operaciones con vida propia imposible de controlar por completo o de detener. Sólo en el 2006 y más recientemente en el 2012 ambas organizaciones clandestinas de extrema derecha se pusieron de acuerdo en hacer de lado todas sus diferencias en aras de un bien común mayor: impedir a como dé lugar la expulsión definitiva del infiltrado y ultraderechizado Partido Acción Nacional. De cualquier modo, elTeco Mayor jamás descansó en su afán obsesivo por controlar en sus manos la red suprema del poder en México. Si había alguien que pudiera ser clasificado como el epítome del Mal en México, tiene que serlo éste hombre intrigante y ruin obsesionado por acumular en sus manos la mayor cantidad posible de dinero en el menor tiempo posible a costa de lo que fuese, incluyendo lucrar con el fanatismo y la ignorancia de los demás. Y aunque fallecióhace casi dos años, antes de ir a arreglárselas con el Diablo se aseguró de que tanto su obra como la conspiración que puso en marcha en contra de México quedase en manos de sus propios hijos tan ambiciosos tan ambiciosos y tan amorales como él para ser continuada sin punto de reposo en aras del escudo heráldico de la más perversa dinastía jalisciense que se haya dado en suelo mexicano.
Quizás lo más execrable, lo más abominable, lo más condenable de este clan siniestro de personalidades perversas actuando bajo las sombras buena parte de su tiempo, era que ellos sabían perfectamente bien que mucha de la literatura antisemita de corte nazi-fascista que ellos estaban financiando y promocionando en grandes cantidades desde la clandestinidad por todo México estaba construída sobre un edificio gigantesco de mentiras, tergiversaciones y verdades a medias. Ellos sabían perfectamente bien, quizá mejor que nadie, que el tracto antisemita Los Protocolos de los Sabios de Sión había sidodesenmascarado desde hace más de medio siglo como un vil fraude literario ruso, considerado como el fraude literario más grande de todos los tiempos, y pese a ello lo siguieron promoviendo y financiando sin limitante alguna. También sabían que tractos fascistas de derecha radical como el doctrinario ultraderechista Derrota Mundial de Salvador Borrego estaba plagado de distorsiones, falsedades y fantasías, todo ello en forma premeditada y deliberada, y pese a ello lo promovían e incluso lo subsidiaban sin limitante alguna (han llegado al extremo en varias ocasiones de haberlo utilizado como libro de texto para la cátedra de Historia Mundial). Se puede obrar mal a causa de una mentira creyendo honestamente que esa mentira no es tal, creyendo honestamente que se trata de algo cierto y verdadero, en cuyo caso el pecado que se comete es uno de estupidez e ignorancia sin que haya mala fé de por medio. Pero también se puede obrar mal propalando y difundiendo deliberadamente por todos los medios posibles una falsedad a sabiendas de que se trata de una falsedad sin importar las terribles consecuencias que la propalación de esa mentira pueda acarrear sobre mucha gente inocente, lo cual denota no estupidez e ignorancia sino maldad, maldad pura, maldad destilada y concentrada, actuándose de mala fe desde el preciso instante en que se inventó la falsedad. Y este grupo de notables de la extrema derecha mexicana, disfrazándose bajo la bandera del anti-comunismo, siempre actuó de mala fé. ¿Por qué? Porque de otro modo no habrían podido asustar a varios de los empresarios y grupos empresariales más acaudalados del país convenciéndolos de que les soltaran dinero a manos llenas para poder llevar a cabo “la lucha”. Porque de otro modo no habrían podido reclutar legiones enteras de jóvenes y profesionistas tan ingenuos como estúpidos dentro de sociedades secretas controladas por ellos, encadenándolos de por vida a una esclavitud voluntaria nutrida por una mera cuestión de fanatismo. Porque de otro modo no habrían podido elevar casi hasta el borde de la locura la histeria anticomunista en los más altos estratos de la política mexicana convenciendo y asustando a muchos políticos de renombre en la supuesta realidad de la fantasía fascista de una “gran conspiración judía masónica comunista” que supuestamente fraguaba apoderarse de México y del mundo entero de no hacerse algo de inmediato.
La mentira, el engaño, la falsedad, siempre fue el arma principal de estos bellacos para ir infiltrando primero al Partido Revolucionario Institucional y al Partido Acción Nacional después con caballos de Troya y simuladores que vivían de la mentira, por la mentira, y con la mentira. A ellos, al punto de origen del engaño mismo, en realidad lo único que les importaba no era el bien del prójimo sino el poder y el dinero a manos llenas.Y es lo único que les sigue importando. Y gracias a ello, lograron una expansión importante de su principal plataforma de operaciones, amasando grandes caudales de dinero para construír su campus universitario (una de las fuentes de financiamiento de donde obtuvieron mucho dinero para poder expandir su imperio secreto fue la famosa empresa automotriz fundada por el mismoempresario norteamericano ultraconservador y antisemita que es venerado en casi todos los círculos de la extrema derecha neo-Nazi), por un lado, y atesorando fortunas cuantiosas por el otro, convirtiendo el anticomunismo que decían profesar en un pingüe negocio, el mejor de todos, equiparable a sacarse varias veces en un mismo día el Premio Mayor de la Lotería Nacional, presumiendo ser “salvadores” de México cuando en realidad no eran más que una parvada de buitres, aves de rapiña velando egoístamente por sus propios intereses, carentes de sentimientos, desprovistos de humanidad. Visto de este modo, sobre los Halcones estaban los Tecolotes, y sobre los Tecolotes estaban los Buitres que se alimentan de la carroña que está por debajo de ellos. Naturalmente, haciendo toda su obra sucia desde la clandestinidad, manteniendo falsamente su falsa careta de hombres cristianos “con valores morales”, codeándose con lo mejor de la sociedad y dando entrevistas a los medios sin dejar asomar sus horripilantes secretos, impartiendo cátedras, seminarios y conferencias sin exhibir en ellas el antisemitismo y el odio fascista que se reservaban para inculcarles a los ejércitos de trastornados que estaban fanatizando bajo juramento de lealtad a su secta maldita.
Las actividades extraterritoriales llevadas a cabo por la temible y violenta sociedad Tecos en la ciudad de México para la consumación de la masacre del Jueves de Corpus jamás fueron del conocimiento de la gran mayoría de los “Tecos de base”; no tenían por que enterarse de estas cosas en las que estaban metidos los cerebros de la organización, y de hecho si alguno de ellos hubiera tenido la inteligencia suficiente para analizar fríamente los hechos y establecer las conexiones, sus propios reclutadores lo habrían matado ante la sola sospecha de que pudiera “saber de más” y poner a toda la organización en riesgo con alguna indiscreción así fuese involuntaria. Así es como se manejan, asís es como actúan. Esto nos permite subdividir a la sociedad Tecos en dos niveles completamente diferentes: un estrato inferior de Tecos fanatizados hasta la médula en el neo-Nazismo y encadenados por el resto de sus vidas a la infame organización con juramentos de lealtad dizque “muy sagrados”, los cuales no tienen ni siquiera la más remota idea de todas las intrigas, de todas las maldades, de todos los crímenes y de todas las jugadas de alto nivel llevadas a cabo extraterritorialmente (¡inclusive fuera de México!) por sus más altos superiores jerárquicos que forman parte del impenetrable estrato superior, un grupo sumamente selecto de “Tecos dentro de los Tecos”, una organización secreta operando dentro de otra organización ya de por sí sumamente secreta (una idea bastante novedosa y original en su momento), por así decirlo (esta es la forma en la cual la siniestra sociedad Tecos ha logrado mantener vigentes varios de sus tentáculos dentro de la Organización Nacional del Yunque que a fin de cuentas fue creación de ellos mismos). Y si ni siquiera los mismos Tecos de base sospechan el amplio alcance de los tentáculos del pulpo siniestro al cual sirven con obediencia y lealtad (so pena de muerte en caso de deserciones o arrepentimientos tardíos), mucho menos tenían por qué saberlo las mulas reclutadas en la Ciudad de México para la conformación de las criminales fuerzas de choque conocidas como los Halcones. En estas cosas, en verdad se aplica bien el dicho que dice que “nadie sabe para quién trabaja”.
La existencia de éste núcleo más interior ultra-secreto de Tecos, éste núcleo de super-Tecos, es tan poco conocida por la militancia restante del 95 por ciento de Tecos, que hasta Tecos de amplio millaje y mucha antigüedad como Lorenzo Lira Garcíapermanecían completamente ignorantes de su existencia (hasta ahora). De haber formado parte de esta mafia interna a la organización, sus revelaciones a los medios habrían sido mucho más escandalosas e impactantes de lo que ellos mismos pudieran imaginarse (o con toda seguridad ya estarían más que muertos). Las órdenes de ejecución, cuando las hay, en contra de otros Tecos de base al perderse la confianza en ellos, emanan del núcleo interior super-secreto de Tecos. Los juramentados dentro de este núcleo interno (se requiere de otro juramento de lealtad aún más “sagrado” que el primero para poder pertenecer a esta casta privilegiada de fascistas) son los que administran los contactos de alto nivel con los caballos de Troya que han ido incrustando con el paso del tiempo en todas las esferas del gobierno de México, y son los que ejercen un poder oculto sobre varias despistadas filiales del Yunque que tienen infiltradas, además de conocer la ubicación exacta del amplio arsenal de armamentos (rifles de alto poder con mira telescópica, ametralladoras cuerno de chivo AK-47, granadas de fragmentación, binoculares electrónicos de visión nocturna, explosivos plásticos, nitroglicerina, dinamita, etc.) que tienen listo para ser utilizado por sus comandos suicidas en caso de que haya un intento directo de asalto en contra del mismo centro de la conspiración nacional, el campus de la Universidad Autónoma de Guadalajara, que debe ser considerado como lo que es, un Estado dentro del Estado, o mejor dicho, un Estado fascista de ultraderecha radical dentro del Estado, con su propio gobierno, su propia bandera, su propia ideología fanática, su propio ejército, y hasta su propia autonomía que le garantiza una extraterritorialidad absoluta (lo único que no se les ha ocurrido es imprimir sus propias moneda de curso legal interno). Tienen además a través de su planta de científicos e ingenieros todos los recursos que requieren para fabricar si así lo desean gases venenosos de uso militar tales como el gas sarín o la lewisita, como tienen también una planta completa de académicos en casi todas las profesiones para todos los fines perversos que se les puedan ocurrir tales como planificar intrigas, conspiraciones, “tácticas de guerra” y estrategias de expansión; además de que cuentan con su propia policía secreta así como cámaras de video y micrófonos ocultos para vigilar y grabar todo lo que suceda dentro del feudo. La propia policía judicial del Estado de Jalisco jamás entra ahí para investigar reportes de crímenes y desapariciones, y menos cuando Jalisco está bajo la bota de un ultraderechista como Emilio González Márquez que los protege y los encubre en todo. Todo esto los hace muy superiores a la Organización Nacional del Yunque que no cuenta con una plataforma central de operaciones de tal magnitud con tantos recursos; así el Yunque parece un juego de niños bobos en comparación con quienes fueron sus creadores y siguen siendo el eje central del fascismo tipo Nazi en Hispanoamérica. Esta información es tan extraordinariamente sensitiva, que si se hubiera empezado a divulgar en aquellos años, los ya para entonces poderosos conspiradores habrían movilizado de inmediato entre sus contactos a funcionarios públicos de alto nivel (no directamente, sino siempre en forma indirecta) tales como Miguel Nazar Haro (un hijo de padres libaneses, experto en tortura, secuestro y desaparición forzada de personas por más de 30 años, guardián de presidentes, hombre de confianza de secretarios de Estado, frío, distante, paranoico, prepotente, autoritario, rígido, narcisista, patriarcal, manipulador, discreto, rápido, exacto, perfecto, evasivo, de acción fulminante, sin huellas, gran conocedor de la psicología humana, acostumbrado a ejercer el control e hilos del poder e irónicamente a su vez un títere-pelele de otros que eran todavía más astutos e intrigantes que él):
así como el jefe directo de Nazar Haro, Fernando Gutiérrez Barrios:
con la finalidad de ubicar a la fuente de información y matarla de inmediato como parte de la guerra sucia. Ahora, con medio México tomando conocimiento de estas cosas pese a la complicidad y el encubrimiento dado por el monopolio de las televisoras (a las cuales no les conviene por ningún motivo que México pueda dar un viraje hacia la izquierda que acabe de tajo con sus concesiones y sus jugosos monopolios del limitado espectro de radiofrecuencias perdiendo con ello sus ingresos actuales que se miden en miles de millones de pesos), tales intentos de silenciamiento resultan ya extemporáneos e inútiles, y lo único que pueden hacer ahora los golpistas es tratar de acelerar el paso como ya lo están haciendo.
En su calidad de Presidente de México, Luis Echeverría:
empeñó personalmente su palabra diciendo que antes de que concluyera su mandato la masacre del Jueves de Corpus sería esclarecida y que los culpables, tanto los autores materiales como los autores intelectuales, serían llevados ante la Justicia para responder por sus crímenes. MINTIÓ. Al terminar su mandato, no se había hecho absolutamente nada para hacer que los criminales pagaran por sus fechorías. ¿Y cómo podía esperarse que cumpliera con su palabra, cuando él, precisamente él, era uno de los principales cómplices de la matanza?
Quizá lo más increíble e irónico del asunto es que aunque el Presidente Luis Echeverría no estaba juramentado dentro de ninguna de las sociedades secretas de la extrema derecha mexicana, fue asustado y manipulado en una forma sumamente hábil y sutil para convencerlo sobre la supuesta realidad de una “gran conspiración judía comunista” que acabaría con su gobierno y que terminaría costándole su propia vida así como la de sus familiares cercanos. No deja de ser increíble e irónico el hecho de que el Presidente de México, supuestamente el hombre más poderoso de México, se dejara a su vez ser utilizado como un títere, como un pelele, por otros mucho más astutos e intrigantes que él, los cuales al final de cuentas lo dejaron solo para que cargara con casi todo el peso de toda la culpa de lo sucedido en 1971 en aquél Jueves de Corpus.
En realidad, con la información abundante que había acerca de lo sucedido, empezando por el uso de vehículos oficiales para llevar a cabo la masacre, complementado con archivos fotográficos que detallaban claramente rostros así como cientos de testimonios de testigos presenciales, si hubiera habido una verdadera voluntad oficial para dar con los culpables todo el asunto se habría esclarecido en su totalidad en menos de 24 horas. Por el contrario, todas las acciones oficiales llevadas a cabo desde el más alto nivel desde un principo estuvieron encaminadas a llevar a cabo una labor de encubrimiento tan sólo superada por el encubrimiento llevado a cabo tras el genocidio que había tenido lugar apenas tres años antes en Tlatelolco. Se estaba protegiendo a gente importante, mucho muy importante. Pero más que nada, se estaba protegiendo la estructura de un complot en contra de México que ya estaba en marcha. Es la única explicación posible a tanta impunidad, no hay otra por más que se le busque.
Y si bien en aquellos días la sola posesión de materiales de lectura considerados como “subversivos” bastaba para que alguien pudiera ser secuestrado por la Dirección Federal de Seguridad y “desaparecido” para siempre como parte de la guerra sucia (hasta el monero Eduardo del Río “Rius” estuvo a punto de ser asesinado a sangre fría por ser los personajes de caricatura que ilustraba en sus cómics Los Supermachos y Los Agachados “demasiado izquierdistas”), los materiales propios de la extrema derecha neo-Nazi tales como los libros Derrota Mundial, Los Protocolos de los Sabios de Sión, El Judío Internacional, La Gran Conspiración Judía, Infiltración Mundial y Subversión Internacionalcontinuron siendo promocionados y vendidos en grandes volúmenes en prácticamente todas las librerías de México. El gobierno de México, ya para entonces infiltrado por los extremistas de derecha en posiciones importantes, sabía de la promoción y venta de tales materiales, pero en ningún momento hizo absolutamente nada para prohibir su venta y distribución. Se trataba, a fin de cuentas, de la materia prima indispensable para “lavar cerebros” y seguir promoviendo una histeria anticomunista exacerbada en México recurriendo al mito ultraderechista de “la gran conspiración judía masónica comunista” para el dominio planetario. Se trata de la misma literatura insana con la cual servidores públicos de alto nivel estaban siendo reclutados en todo el país para “la lucha anticomunista” que en realidad era (y sigue siendo) una vil conspiración fascista neo-Nazi de gran envergadura dirigida en contra de un país con más de 100 millones de habitantes, usando como cebo el mito de una “gran conspiración judía” ficticia... ¡para terminar fomentando una conspiración de ultraderecha tan real que ya le ha costado a México varios miles de muertos! Una conspiración tan bien planificada y elaborada que incluso escapó de la detección de los servicios de inteligencia de la Central Intelligence Agency.
Erróneamente, algunos analistas suponen que el asalto al poder en México por la vía de la infiltración y la incrustación de caballos de Troya de la extrema derecha en lugares estratégicos comenzó con la llegada de Vicente Fox a la silla presidencial al inicio del tercer milenio. Como los sucesos de Tlatelolco en 1968 y del Jueves de Corpus en 1971 lo revelan y lo confirman, la penetración insidiosa había comenzado mucho antes. En todo caso, con el ascenso al poder en el año 2000 de un ex-Gobernador de derecha surgido de uno de los estados más ultraderechizados de México (exceptuando el Estado de Jalisco, sede de la sociedad Tecos y cuna de la conspiración nacional), la infiltración se aceleró considerablemente, y más que hablar de una infiltración tanto de Yunquistas como de Tecos con títulos universitarios en casi todas las profesiones, estos estaban siendo colocados ya de una manera más abierta y más descarada en puestos clave del gobierno federal. Y la gran mayoría sigue ahí, sus números han ido en aumento constante.
Posiblemente uno de los mejores reporteros gráficos sobre la matanza del Jueves de Corpus es indudablemente Armando Lenin Salgado:
quien ha trabajado alternadamente en varios menesteres tales como frutero, tendero, taxista, campesino, y especialmente fotógrafo fotógrafo. Armando Lenin Salgado es reconocido incuestionablemente como el fotógrafo que mejor captó la matanza ocurrida del 10 de junio de 1971. Sus imágenes le dieron la vuelta a mundo después de publicarse en las revistas Time yLife, así como en las mexicanas Por qué y Siempre!. Sus fotografías lo mismo han sido empleadas en actos políticos de diferentes funcionarios que en medios impresos, sin darle siquiera su crédito. Resulta sumamente irónico que desde hace varios años Lenin Salgado no tiene para cubrir el impuesto predial de su vivienda, pero no quiere reclamar un pago por el uso de las fotos, porque “ya quité los dientes del cuchillo y no quiero broncas con nadie”. Es más —dice este hombre hoy chaparro, canoso, barbudo y desaliñado—, que prefiere pasar por anónimo, a pesar de que en su extensa trayectoria también capturó fotografías del ex guerrillero guerrerense Genaro Vázquez y algunos de los movimientos armados de Sudamérica. Más recientemente, ha estado sembrando maíz en el municipio de Pilcaya, Guerrero, en donde dirige un proyecto agrario, habiendo participado en algunas de las actividades conmemorativas dedicadas a recordar el 40avo aniversario del Jueves de Corpus celebrado en el 2011. Todavía recuerda vívidamente que aquel día de 1971 llegó al casco de Santo Tomás poco antes de que Los Halcones comenzaran a disparar contra los estudiantes que se solidarizaron con sus pares de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quienes exigían una reforma universitaria, democratización de la educación, libertad a los presos políticos y para manifestarse en las calles. Iniciado el fuego Lenin Salgado se escondió junto a otro fotógrafo en una vinatería. Minutos después decidió salir y subir a una terraza. Desde ahí comenzó a fotografiar la balacera. Cuando fue descubierto por Los Halcones, tuvo que refugiarse el resto del día en una casa cercana donde había más jóvenes. Al anochecer, salió del lugar, buscó su motocicleta y fue a revelar las fotos. Prendió la televisión y escuchó al entonces regente del DF, Alfonso Martínez Domínguez decir que la matanza fue un enfrentamiento entre jóvenes. “Yo tenía las pruebas de que eso no era cierto”, comenta ahora. Dos semanas después de revelar al mundo entero su extraordinario testimonio gráfico que hoy forma parte importante de la historia contemporánea de México, Lenin Salgado fue detenido por el Servicio Secreto mexicano, y en vez de pedirle su ayuda para el esclarecimiento total de la terrible masacre fue torturado bestialmente por elementos de la entonces Dirección Federal de Seguridad que encabezaba Miguel Nazar Haro. (Hoy prefiere vivir en paz, disfrutar de los amigos, de una que otra cerveza y del campo en el que trabaja.)
¿Por qué, en vez de brindarle plena protección a uno de los más extraordinarios reporteros gráficos que haya habido en México sobre la masacre llevada a cabo el Jueves de Corpus en 1971, pidiéndole su colaboración y su ayuda para la identificación de los culpables de la matanza, se le sometió a tormentos horribles que le pondrían los pelos de punta hasta los mismos Inquisidores del Santo Oficio? La respuesta es obvia: la masacre fue de principio a fin un crimen de Estado, planificada cuidadosamente para acallar de modo brutal las protestas estudiantiles bajo el bien callado pretexto circulado en las más altas esferas del gobierno federal de que se estaba combatiendo a la fantasiosa “gran conspiración judía masónica comunista”, el fruto de un miedo histérico instilado por la propaganda fascista que estaba siendo financiada y promovida en grandes volúmenes por todo México desde la ciudad de Guadalajara. Estando involucrados como autores intelectuales en la matanza funcionarios de primer nivel así como aquellos que desde Guadalajara estuvieron promoviendo la matanza de varias maneras del mismo modo como lo hicieron con el genocidio cometido en Tlatelolco por “el glorioso Ejército mexicano”, la prioridad oficial no era el esclarecimiento de la matanza sino por el contrario el encubrimiento de todo aquello que pudiera dar la pista directa hacia los verdaderos culpables intelectuales.
Además del extraordinario legado gráfico dejado por Armando Lenin Salgado, hay otras fuentes documtales de referencia que contienen información importante, entre las cuales destaca un libro sobre el tema titulado “Jueves de Corpus” de Orlando Ortiz, publicado por Editorial Diógenes en Antologías Temáticas 7. Otro libro sobre el tema que presuntamente contiene las revelaciones de un ex-Halcón es “Jueves de Corpus Sangriento" de Antonio Solís Mimendi. Del segundo libro se extrae el dato de que uno de los principales dirigentes de los Halcones y lider porril de aquellos años en la UNAM fue Sergio Mario Romero Ramírez, alias “el Fish”. Cualquier compañero suyo de aquellos años en la Universidad Nacional Autónoma de México puede dar cuenta de su actividad antisubersiva así como de las muertes que este tipo sin conciencia alguna carga en su haber. Hay muchos testimonios que dan fe de su actividad ese día, y de hecho fue uno de los principales indiciados en los sucesos junto con Luis Echeverria, hoy resulta que es dirigente en uno de los partidos políticos “de la izquierda nacional” de los que encabezan hoy muchas de las luchas populares. Al día de hoy, y gozando de la mayor de las impunidades que las dos administraciones panistas-Yunquistas de Vicente Fox primero y Felipe Calderón después le pudieran dar, “el Fish” es el Presidente de la Comisión Editorial del Partido Convergencia en el Distrito Federal, y dirigente de dicho partido en la Delegación Cuauhtémoc, siendo además candidato en el 2012 a jefe delegacional de la misma Delegación.
Del libro “Jueves de Corpus Sangriento" de Antonio Solís Mimendi, tomamos la siguiente fotografía de frente de Sergio Mario Romero Ramírez, alias “el Fish”:
En el mismo libro aparecen también las siguientes fotografías de cuatro ex-compañeros de “el Fish”, Salvador Fausto Méndez Castellanos, Manuel Cerros Hernández alias “el Manolo”, Arturo Jaimes Gómez y José Mario Pérez Vega alias “el Pepín”:
A más de 40 años de la matanza, jamás se llevó a cabo un solo arresto y mucho menos alguna consignación por los crímenes cometidos el Jueves de Corpus, y la “alternancia” en el año 2000 con la llegada de las derechas y las ultraderechasal poder ciertamente no sirvió en lo absoluto para abrir aunque fuese en forma tardía las investigaciones, por el contrario, el expediente quedó más congelado que nunca, evidenciando una complicidad del ultraderechizado PAN para proteger a los cerebros que estuvieron detrás de la masacre. Esta realidad es imposible de negar a estas alturas. Si en 12 años el PAN no movió un solo dedo para castigar a ninguno de los culpables de la matanza, es obvio que nunca lo hará. ¿Por qué? La respuesta debe ser clara hasta para un ciego. Lo más a lo que se ha llegado es que las primeras imágenes filmadas, hasta ahora inéditas y 40 documentos desclasificados de la matanza de 120 estudiantes el 10 de junio de 1971, fueron proyectadas el viernes 9 de junio del 2006 en el estreno mundial del documental Halcones, terrorismo de Estado, producido por canalseisdejulio y Memoria y Verdad, que desmiente la versión oficial sobre los hechos del Jueves de Corpus, expresó Mario Viveros, encargado de la edición. Veamos a continuación un análisis sobre una de las avenidas (hay varias) de cómo empezó la terrible penetración al gobierno federal sobre la cual los poderes fácticos como TELEVISA y TV AZTECA han mantenido un silencio absoluto en la creencia de que el poder del duopolio es tal que todo el pueblo de México únicamente creerá lo que ellos radíen al aire (aunque este trabajo apareció publicado hace ya seis años, no deja de ser de actualidad por lo que empezaba a salir a la luz desde aquél entonces sobre la realidad de una conspiración siniestra urdida a espaldas del pueblo de México para tomar las riendas del gobierno de México con la finalidad de encaminarlo hacia una democracia simulada operando cada vez más y más bajo las agendas secretas de una filosofía de corte fascista):
CARA, la extrema derecha de El Yunque
Miguel Angel Ortega
CONTRALINEA.com.mx
22 de julio del 2006
El asalto de la ultraderecha a Los Pinos se remonta a más de medio siglo y más parece la historia de una bestia que se vuelve contra su amo, pues en documentos de inteligencia militar se revela la impunidad y protección que tuvo el Comando de Acción Revolucionaria Armada.
Con el objetivo de instaurar “el reino de Dios sobre la tierra”, la ultraderecha mexicana llegó al poder en las elecciones del 2000. Esto fue posible gracias a la tolerancia del régimen priista y los aparatos de inteligencia del Estado, incluso los de inteligencia militar, con la extrema derecha.
El Ejército Mexicano identificó al Comando de Acción Revolucionaria Armada (CARA) y permitió que cometiera ametrallamientos en escuelas públicas, asaltos a Telégrafos de México, robos a empresas particulares, atentados dinamiteros contra instalaciones petroleras y asesinatos de militantes de izquierda.
De acuerdo con archivos de la Sección II (Inteligencia) del Estado Mayor del Ejército Mexicano, el CARA era un grupo de choque de la ultraderecha cristiana que se gestó en el Movimiento Universitario de Renovación Orientadora (MURO).
Según el manual de ambientación titulado El movimiento subversivo en México, ordenado por el alto mando al general brigadier Mario Arturo Acosta Chaparro Escapite y del cual Contralínea tiene una copia, ese grupo subversivo era comandado “por Sergio Martínez Romero, “El Fish”, quien anteriormente militaba dentro de la derecha en el medio universitario, a la cabeza de un grupo de porristas que reprimían a elementos izquierdistas”.
Con al menos 21 miembros identificados, entre ellos tres mujeres, el CARA fue solapado por el aparato represivo del gobierno mexicano durante al menos dos sexenios: los de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez.
En realidad, el CARA es la ultra de la extrema derecha y encubrir a ese tipo de movimientos le costó caro al régimen priista. Hace 25 años esta organización fue utilizada para golpear a la incipiente izquierda --con asesinatos incluso--, pero ahora se volvió contra sus protectores y los desplazó del poder. Desde el 1° de diciembre del 2000, integrantes de esa tendencia política e ideológica despachan en Los Pinos.
DIOS EN LOS PINOS
“La nación afronta el riesgo de que desde Los Pinos la ultraderecha cristiana se apodere del Estado e instaure su proyecto ideológico y político, que es el reino de Dios sobre la tierra y santificar a la autoridad”, afirma Álvaro Delgado, autor del libro El Yunque, la ultraderecha en el poder, que descubre el rostro oculto de los políticos que llegaron al poder el 2 de julio con Vicente Fox y que toman decisiones que afectan al país.
La Organización Nacional de El Yunque --una organización secreta y radical de derecha-- fue fundada en la década de 1950 con el objetivo de asaltar el poder político en México. Y todo parece indicar que lo logró. Entre sus filas destacan Ramón Muñoz Gutiérrez, jefe de la Oficina de Innovación Gubernamental de la Presidencia de la República; Carlos Abascal Carranza, secretario del Trabajo; Ana Teresa Aranda, presidenta del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia, y la recién renunciada exsubprocuradora de la PGR María de la Luz Lima Malvido, entre muchos otros .
El sistema priísta es corresponsable del asalto al poder por parte de la ultraderecha, asegura Álvaro Delgado en entrevista. “El régimen toleró y alentó a estos grupos porque combatían a la izquierda. En realidad los veían como un aliado”, indica.
El Yunque, agrega, es la matriz de la ultraderecha y se estructura piramidalmente. Delgado explica que su libro ha tenido una buena recepción entre el público, y que incluso está agotado en algunos estados del país.
La primera etapa de la investigación está concluida, dice el también reportero de Proceso. El primer paso era dar a conocer la existencia de El Yunque y hasta dónde se encumbraron sus miembros con la llegada del PAN a Los Pinos.
La sociedad tiene derecho a saber que un grupo de derecha radical está tomando decisiones y se prepara para instaurar un proyecto ideológico de derecha. El presidente Fox es rehén de El Yunque y el mejor ejemplo es la posición que tiene Ramón Muñoz Gutiérrez, añade Delgado.
El siguiente paso en la investigación, que se traducirá en un nuevo volumen, gira en torno al financiamiento que hicieron los empresarios a esa corriente ideológica, que incluso penetró al PAN, al gobierno federal y a los gobiernos estatales y municipales.
Este trabajo llevó a Álvaro Delgado a consultar archivos de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad, pero la ultra de la extrema derecha se registra en Inteligencia Militar.
El movimiento subversivo en México fue ordenado por el alto mando de la Secretaría de la Defensa Nacional al general Acosta Chaparro Escapite, que en dos años revisó e integró fichas y datos de la Policía Judicial Federal Militar y de Inteligencia Militar.
El texto, concebido como manual para oficiales y jefes de las fuerzas armadas en el combate a la guerrilla izquierdista, tenía el propósito de identificar y ubicar a los grupos radicales para “desactivarlos”.
En realidad CARA es la parte más violenta y radical de la derecha mexicana, mucho más que Los Tecos de Jalisco, el Frente Universitario Anticomunista y el MURO.
A decir del ahora preso general Acosta Chaparro Escapite, esa guerrilla de derecha “se constituyó en el mes de enero de 1971, siendo su principal dirigente Sergio Martínez Romero, El Fish, quien anteriormente militaba dentro de la derecha en el medio universitario, encabezando un grupo de porristas que reprimían a elementos izquierdistas”.
Inteligencia Militar registra que la banda armada cometió siete atracos y un intento de bomba en las instalaciones de Petróleos Mexicanos.
La información es muy precisa: “el 11 de septiembre de 1971 el grupo asaltó una vinatería en la colonia Polanco”. El botín, además del efectivo, cuyo monto no se precisa, incluyó una camioneta del comercio asaltado.
El grupo se salió de control después de la matanza del Jueves de Corpus en San Cosme. De manera que el movimiento estudiantil marcó un parteaguas, pues de golpeadores pasaron a comandos armados.
Antes de 1968, sus integrantes pertenecían al MURO y se ocultaban en las porras de los equipos del futbol americano. Sin embargo, cuando el movimiento estudiantil rebasó al gobierno, el MURO --fanáticamente anticomunista-- fue visto como un aliado.
Los grupos de choque más violentos del MURO y luego CARA eran dirigidos por Sergio Martínez Romero, El Fish, un sinaloense nacido a mediados de la década de 1940, de corta estatura, grandes ambiciones, ojos saltones y mucha codicia.
Entre las acciones que encabezó El Fish destacan el ametrallamiento de las instalaciones de las escuelas vocacionales números 4 y 5, la Preparatoria Popular y la sede de El Colegio de México.
Los mismos informes apuntan que Martínez Romero habría participado en el asesinato del presidente del Comité de Lucha de la Facultad de Derecho de la UNAM.
También intervino en los ataques a los alumnos Carlos Calcaño, de la Preparatoria número 7, y Víctor Klachard, de la Vocacional 5.
Junto con Juan Sánchez y Alejandro Romero, El Supermán, dos violentos porros, El Fish hacía el trabajo sucio de las autoridades, que presentaban las agresiones como pugnas entre estudiantes.
Así que con la impunidad que les garantizaron los gobiernos de Díaz Ordaz, primero, y Echeverría Álvarez, después, el grupo pronto se transformó en una peligrosa banda armada.
PLENA IMPUNIDAD
Los archivos de Inteligencia Militar indican que el 13 de septiembre, el CARA “asaltó una oficina de Telégrafos en la colonia Industrial Vallejo de la ciudad de México”
En realidad, el gusto por asaltar oficinas de Telégrafos lo desarrollaron rápidamente, pues en menos de un mes atacaron tres sucursales: el 25 de septiembre en Begonias 203, colonia Nueva Santa María; el 5 de octubre, la sucursal de José García Izcabalceta número 55 de la colonia San Rafael, y el 16 la de colonia Roma.
En octubre, además de los dos asaltos a Telégrafos de México (los días 5 y 16), atracaron la zapatería Canadá de Tlalpan. Y ya encarrerado, el grupo de El Fish exigió 3 millones de pesos a cambio de no hacer estallar una bomba en la planta de Pajaritos en Coatzacoalcos, Veracruz, propiedad de Petróleos Mexicanos.
Sin embargo, el 21 de octubre de 1971 fueron detenidos 11 de sus integrantes. El propio Sergio Romero Martínez, El Fish. El documento de Inteligencia Militar, como con otros grupos, no les da seguimiento.
El general Acosta Chaparro, uno de los militares mexicanos con más experiencia en el exterminio de grupos de izquierda, identifica a 21 miembros del CARA.
Ellos son, según la clasificación alfabética del general Acosta Chaparro: “José de Jesús Cázarez Márquez, Manuel Cerros Hernández, Arturo Jaimes Gómez, Luis Gonzalo Mascossay Cosgalia, Salvador Fausto Méndez Castañeda, Ricardo Montiel Rodríguez, Bernardo Morales Soto, María del Refugio Moreno Duarte, Rubén Navarrete Vázquez, Jesús Ortiz, Enrique Pereda Reyes, Ramón Pereda Reyes, José Mario Pérez Vega, María Ramírez León, Griselda Romero Ramírez, Sergio Romero Martínez, Marcos Sánchez Galván, Jorge Tamayo Díaz, Mauricio
Velázquez, Ernesto Velázquez Sánchez, Joel Villarreal Coronel”.
Posteriormente El Fish fue dejado en libertad y obtuvo un alto puesto en la Dirección de Aduanas. Nunca fue procesado por sus múltiples delitos durante el inicio de la guerra sucia. El general Acosta Chaparro tuvo otro fin.
Junto con su compañero de armas, el también general de división Francisco Quirós Hermosillo, Acosta Chaparro fue detenido en agosto de 2000 y recluido en la prisión del Campo Militar Número Uno, de la ciudad de México. Ambos militares adscritos a la Policía Judicial Federal Militar desde 1969 y después a la Sección II del Estado Mayor de la Secretaría de la Defensa Nacional, se encargaron de combatir a los grupos subversivos en el país.
En noviembre del 2002 fueron sentenciados por un Consejo de Guerra a 16 y 15 años de prisión, respectivamente, por delitos contra la salud, fomento al narcotráfico y cohecho.
El Consejo de Guerra determinó también destituir a Acosta Chaparro como general brigadier, retirarle todos los beneficios (salario, antigüedad, prestaciones) e impedirle portar condecoraciones y uniforme conforme a su rango.
Además, enfrenta una acusación por desaparición, tortura y secuestro en contra de cientos de campesinos en Guerrero durante su combate a la guerrilla izquierdista. Si Acosta Chaparro, también un declarado anticomunista, se hubiera afiliado a El Yunque, sin duda despacharía en Los Pinos.
La ultraderecha en Los Pinos
La sociedad tiene derecho a saber, afirma el reportero -dice- Álvaro Delgado.
El libro El Yunque, la ultraderecha en el poder se trata de un bien documentado trabajo periodístico que señala y revela el origen, estructura y naturaleza de la Organización Nacional de El Yunque.
Los mexicanos merecen saber quiénes son los miembros de esta organización secreta que desde el poder público toma decisiones que afectan a todos, advierte el periodista Álvaro Delgado.
Bajo el sello de Plaza y Janés, El Yunque, la ultraderecha en el poder es un libro basado en abundantes documentos que expone la aparición, el avance y la conquista de ese sector de la ultraderecha mexicana en gobiernos municipales y estatales a través del PAN, que finalmente llegó al poder presidencial en el año 2000.
Vinculado al sector más conservador de la Iglesia Católica mexicana, cuya fidelidad a su jerarquía hizo que inclusive se confrontara literalmente a muerte con Los Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara, El Yunque posee su propia congregación religiosa: los Cruzados de Cristo Rey, que atiende espiritualmente a los miembros del Ejército y que se inscribe en su propósito de “santificar a la autoridad”.
Fundado en la década de 1950, El Yunque se propuso llegar al poder de manera paulatina: creó grupos de choque como el Frente Universitario Anticomunista y el Movimiento Universitario de Renovación Orientadora, organizaciones como Desarrollo Humano Integral y Acción Ciudadana, Asociación Nacional Cívica Femenina, el Comité Nacional Provida y la Coordinadora Ciudadana, cuyos mandos lograron penetrar al PAN y desplazar a sus dirigentes tradicionales.
Miembros de El Yunque se apoderaron también de la Unión Nacional de Padres de Familia y de importantes parcelas en organismos de la iniciativa privada, como Coparmex, y aun de instituciones educativas como las escuelas salesianas y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.
El trabajo anterior apareció publicado en el 2006. Ya para el 2012, cualquier rivalidad que pudiera haber habido entre las dos principales organizaciones secretas de la ultraderecha mexicana, los Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara y la Organización Nacional del Yunque, estaba hecha a un lado y ambas sociedades laboran cada una por su lado y en forma desesperada para un objetivo común: impedir a como dé lugar la expulsión del Partido Acción Nacional de Los Pinos en las elecciones presidenciales del 2012. A diferencia de las elecciones del 2000 y las del 2006 en las cuales lograron imponer de una manera mucho muy forzada haiga sido como haiga sido a su títere-pelele Felipe Calderón, la información acerca de la conspiración nacional se ha estado diseminando por doquier, sobre todo entre las mismas juventudes estudiosas de México a las cuales tanto les temen los fascistas mexicanos del nuevo milenio, lo cual ha aumentado la unidad entre las sectas clandestinas de la extrema derecha haciéndolas entrar en un estado de franca desesperación.
En lo que toca al General Arturo Acosta Chaparro al cual se le comisionó una investigación sobre lo que ya algunos oficiales de alto rango veían como una amenaza seria y preocupante que se estaba incrustando subrepticiamente en los más altos estratos del gobierno federal, el General Acosta Chaparro omitió información importante en la tarea de recopilación e inteligencia que le había sido encomendada por sus superiores. Específicamente, uno de los eslabones más importantes, al nivel de los autores materialesde la masacre del Jueves de Corpus, Sergio Martínez Romero el “Fish” ya mencionado arriba, indudablemente ligado a la organización de extrema derecha MURO que operaba en forma encubierta y clandestina dentro de la UNAM, solía tener contactos con gente llegada de fuera de la Ciudad de México, principalmente de las ciudades de Guanajuato y Guadalajara, gente que asesoraba a estos desquiciados pseudo-universitarios en la conformación de sociedades secretas de extrema derecha, gente que les proporcionaba materiales doctrinarios e ideología que eran exportados en la mayor de las secrecías desde una universidad privada incorporada a la UNAM que estaba ubicada en el Estado de Jalisco. De haber ido más al fondo, y de haber sido un militar leal al país, el General Acosta Chaparro habría asentado más información acerca de estas asociaciones, información crucial para poner al descubierto una de las más peligrosas conspiraciones que se hayan dado en el continente americano en toda su historia. Pero no lo hizo, y ahora ciertamente no podrá hacerlo porque está muerto; fue silenciado para siempre y los muertos no hablan. De hecho, y aunque no lo sabe, el “Fish” está en grave peligro de que le suceda lo mismo que al General Acosta Chaparro, excepto que en su caso posiblemente se lo llevarían lejos para sacarle con tormentos horribles toda la información que se le pueda sacar para después matarlo dejando lo que quede de sus restos en algún paraje solitario. Esto, en lo que toca a los contactos de bajo nivel. En lo que toca a los contactos e infiltraciones de alto nivel, eso era una cosa diferente, aunque ambas manejadas por los mismos cerebros.
El genocidio de Tlatelolco, así como la matanza del Jueves de Corpus, dieron inicio formal a la guerra sucia de los setentas, una cacería brutal y despiadada llevada a cabo en todo México por gente demente que en sus círculos internos justificaba sus excesos y sus tropelías afirmando que estaban “salvando a México” del comunismo. Uno de los personajes involucrados en tales operativos lo fué precisamente el General Arturo Acosta Chaparro mencionado arriba, el cual hasta la fecha sigue siendo alabado en varios capítulos de las sociedades secretas de la extrema derecha neo-Nazi de México como “un paladín del anticomunismo en México, un héroe nacional defensor y salvador de la Patria”. Esta hiena despiadada que llegó a matar incluso con sus propias manos sin rencor y sin remordimientos, en lugar de ser refundida en una mazmorra por sus delitos terminó siendo condecorada por el Presidente de las derechas y las ultraderechas de México, Felipe Calderón (como era de esperarse). La hiena que portaba uniforme militar y el rango de General (para desgracia y vergüenza del Ejército mexicano) terminó siendo ejecutada en la Ciudad de México el viernes 20 de abril del 2012, con el General despachado al Infierno por la vía ultra-rápida. Y aunque la extrema derecha en su propaganda para consumo interno ha estado tratando de echarle la culpa del asesinato a “comunistas ávidos de venganza por las labores patrióticas llevadas a cabo por el noble General Acosta Chaparro”, lo cierto es que esta bestia infrahumana estaba involucrada en el asunto del narcotráfico a grado tal que existen pocas dudas que terminó sus días a causa de un “ajuste de cuentas” como los que se dan en los círculos del hampa organizada. ¡Esta es precisamente la clase de “héroes” de los que tanto se vanaglorian los fascistas neo-Nazis de México! Para mayores detalles, se reproduce a continuación la siguiente nota periodística:
Revela El Grande narcopagos al general Acosta
Agencia REFORMA
3 de mayo del 2012
La organización criminal de los Beltrán Leyva pagó por lo menos 500 mil dólares al general Arturo Acosta Chaparro, ejecutado el viernes 20 de abril en el Distrito Federal, para que los contactara con militares de alto rango que pudieran brindarles protección, de acuerdo con el testimonio del narcotraficante Sergio Villareal Barragán, “El Grande”.
Acosta Chaparro se reunió en dos ocasiones con los narcotraficantes Arturo y Héctor Beltrán Leyva, “El Barbas” y “El H”, respectivamente, en una mansión del Fraccionamiento Las Brisas Guitarrón, en Acapulco, y en un rancho de los traficantes en la colonia Santo Tomás Ajusco, en el Distrito Federal.
En este último sitio de la Delegación Tlalpan, como favor personal a Arturo Beltrán, el general aceptó reunirse con los hermanos Miguel y Omar Treviño Morales, mandos de “Los Zetas” y llamados “El 40” y “El 42”, quienes buscaban un acercamiento con los militares.
“Los Zetas” pretendían que Acosta les presentara a generales con mando en Tamaulipas y Veracruz, pues a principios de este sexenio la organización de sicarios no tenían contactos de este nivel en dichas entidades, según el testimonio del narcotraficante.
Otro de los convocados supuestamente fue José Luis Ledesma, “El JL”, el número dos del Cártel de Juárez.
Sergio Villareal Barragán, “El Grande”, operador de los Beltrán Leyva y quien actualmente está preso, es quien relata las gestiones del general en un testimonio rendido ante la Procuraduría General de la República el 26 de noviembre de 2010.
Y si bien el comunismo soviético adolecía de graves fallos que terminaron por colapsar al modelo, una de sus grandes ventajas es que las juventudes soviéticas estaban protegidas de las drogas y las influencias nocivas de los cárteles de las drogas porque bajo ese esquema de régimen totalitario con toda la economía bajo control directo del Estado simple y sencillamente no le hubiera sido posible operar dentro de territorio soviético a alguien como “El Chapo” Guzmán o “El Mayo” Zambada, cualquiera con ganas de formar un cártel de drogas en el mejor de los casos habría sido ejecutado sin contemplaciones y en el peor de los casos habría sido enviado a las estepas siberianas condenado a trabajos forzados por el resto de sus días si bien le iba. Del mismo modo, en la China comunista el tráfico de drogas ilícitas se castiga con la pena de muerte, y hasta le cobran a los familiares el costo de la bala utilizada para ejecutar al hampón (en contraste, en el México gobernado por las derechas y las ultraderechas desde el 2000, todo el territorio es prácticamente un paraíso para estos delincuentes que, si por ellos fuera y tuvieran que escoger entre la opción de un México con un gobierno al estilo del comunismo soviético y un gobierno de derecha-ultraderecha con el modelo económico de capitalismo salvaje libre neoliberal que terminaron adoptando los señores del Partido Acción Nacional, sin lugar a dudas escogerían la segunda opción porque es la que más les conviene a ellos y a sus intereses. Por otro lado, ya se ha dejado asentado en otros trabajos que los fundadores y promotores de la extrema derecha encubierta de México pueden convivir muy bien al lado de capos del narcotráfico mientras estos últimos no se metan con ellos).
A fin de cuentas, los “paladines anticomunistas” de la extrema derecha de hoy son tan corruptos y putrefactos en sus valores como lo fueron los Nazis de Hitler, eso sí, muy bien disciplinados y tenazmente fanáticos, pero corruptos hasta la médula al fin y al cabo, como lo comprueba el pillaje Nazi de obras de arte que se convirtió en algo sistemático y endémico reflejando la inmensa amoralidad de los saqueadores fascistas (muchas de las obras de arte pudieron ser recuperadas por las Fuerzas Aliadas para ser regresadas a sus legítimos dueños, aunque aún hay tesoros que se encuentran desapercidos y de los cuales tal vez nunca se sabrá qué fue de ellos). Y al día de hoy, esto no ha cambiado en nada.
Se repite nuevamente dada su enorme importancia que lo sucedido tanto en Tlatelolco en 1968 como el Jueves de Corpus en 1971 en la Ciudad de México fueron crímenes de Estadoinstigados desde la obscuridad por una pulpo cada vez más monstruoso cuyos tentáculos se empezaban a extender no sólo hacia los estratos superiores del gobierno federal en la Ciudad de México sino hacia el resto de la República. Los instigadores tanto del genocidio de Tlatelolco como de la masacre del Jueves de Corpus son las mismas fuerzas ocultas que estuvieron detrás del triunfo espectacular con el cual el Partido Acción Nacional se apoderó de la gubernatura de Jalisco en el año 2000 con la instalación de Francisco Ramírez Acuña, actual Embajador de México en España, refrendando dicho triunfo en el 2006 con la instalación en esa misma gubernatura de otro individuo más ultraderechista aún, Emilio González Márquez. Se trata de los mismos poderes fácticos que apuntalaron a Vicente Fox para que pudiera convertirse en el año 2000 en el primer Presidente de las derechas y las ultraderechas de México aprovechando brillantemente en forma oportunística y estratégica el “hartazgo del PRI” acabando con siete décadas de dominio hegemónico unipartidista. Son los mismos que en el 2006 le ayudaron a Felipe Calderón a sentarse en la silla presidencial haiga sido como haiga sido consiguiéndole a un pernicioso gachupín de ultraderecha de nombre Antonio Solá para que le planificara a Felipe Calderón suscampañas negras pletóricas de difamaciones, calumnias e inmundicia. Y son los mismos que están firmemente detrás de la candidata presidencial panista Josefina Vázquez Mota en el 2012 para atornillarla en la silla presidencial recurriendo nuevamente a las artes negras de Antonio Solá. En realidad, y aunque siguen siendo una minoría insignificante, ya están en todas partes. Lo único que los está haciendo tambalearse poniéndolos sumamente nerviosos es que tanto la existencia de su conspiración como el resto de sus secretos están empezando a circular por todo México. Y esto es lo que a fin de cuentas tal vez represente la mayor esperanza para México, la única esperanza para frenarlos en seco antes de que terminen detonando una tragedia como la que acabó con la vida de millones de seres humanos a causa de la segunda gran guerra del siglo pasado iniciada por el mismo dictador que tanto admiran en su propaganda.
-------------------------
POST SCRIPTUM:
En la víspera del aniversario del halconazo, apareció publicado el siguiente trabajo en el que se exponen algunos puntos de vista que vale la pena tomar en consideración en cuanto a su relación con los sucesos actuales del 2012 pese a la distancia de cuatro décadas que ha transcurrido entre lo sucedido en aquél entonces y lo que sucede en México en la víspera de la elección presidencial:
-------------------------
POST SCRIPTUM:
En la víspera del aniversario del halconazo, apareció publicado el siguiente trabajo en el que se exponen algunos puntos de vista que vale la pena tomar en consideración en cuanto a su relación con los sucesos actuales del 2012 pese a la distancia de cuatro décadas que ha transcurrido entre lo sucedido en aquél entonces y lo que sucede en México en la víspera de la elección presidencial:
Halconazo, debate y #Yosoy132
Jorge Carrasco Araizaga
Agencia APRO
7 de junio del 2012
El 10 de junio de 1971 el grupo paramilitar conocido como Los Halcones perpetró una matanza de estudiantes que quedó impune por la complicidad del PRI y el PAN y la inmovilidad de la izquierda.
El candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, estaba por cumplir cinco años cuando el régimen autoritario del PRI reprimió violentamente las demandas de democratización de los jóvenes universitarios y preparatorianos de entonces.
Peña Nieto es el heredero de ese viejo régimen que para su defensa y seguridad encarceló, asesinó y desapareció a campesinos, médicos, ferrocarrileros, estudiantes, profesores, artistas y cientos de personas que se le opusieron.
Creado por el Ejército después de la Revolución Mexicana, ese régimen fue rebasado por los movimientos estudiantiles de 1968 y 1971 y en un contubernio de los jefes políticos y militares del país decidieron, literalmente, masacrarlos.
Pasaron casi tres años para que los estudiantes volvieran a salir a las calles después de la matanza del 2 de octubre de 1968, en Tlatelolco. Pero el 10 de junio de 1971, el régimen decidió proteger al Ejército después de su desprestigio por su intervención en la masacre de la Plaza de las Tres Culturas.
Se valió entonces de Los Halcones, el grupo paramilitar creado y entrenado durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz por el general Manuel Díaz Escobar. Los paramilitares recibieron la cobertura del entonces Departamento del Distrito Federal, hoy Gobierno del Distrito Federal, que estaba al mando del general Alfonso Corona del Rosal.
El 10 de junio de 1971, cuando ocurrió la matanza estudiantil en San Cosme, Luis Echeverría llevaba año y medio en Los Pinos y el regente de la capital era Alfonso Martínez Domínguez. Pero ambos mantuvieron al grupo paramilitar como brazo ejecutor contra la protesta juvenil.
Ese PRI represor quedó impune. La inoperante fiscalía creada por Vicente Fox que simuló investigar los crímenes de ese régimen dijo que ese día, un Jueves de Corpus, sólo hubo 38 muertos. La duda, sin embargo, se impone. No se sabe cuántos realmente murieron y desaparecieron.
Peña Nieto ha callado ante esos crímenes de lesa humanidad cometidos por su ascendencia política. Toda proporción guardada, él tiene su propia historia de represión e impunidad en Atenco.
Cuando el PAN llegó a Los Pinos, como beneficiario directo de esas muertes tenía el imperativo político y moral de investigar y sancionar a los culpables. No lo hizo. Simuló.Sólo manoseó la historia y obstruyó la justicia.
Felipe Calderón no sólo echó a la basura esa fiscalía especial y cerró el círculo de la impunidad, sino que al igual que Echeverría se valió del Ejército para sus necesidades políticas. Gustosos, los militares lo hicieron, también a cambio de impunidad.
Ejército y Marina están ahora en la calle para enfrentar un problema de seguridad del Estado, pero no están dispuestos a someterse a controles. Tienen el apoyo de toda la clase política. Signos de la fallida transición democrática.
Hoy #Yosoy132 viene a evidenciar otra cara de fracaso: la clase política sometida por el poder fáctico de la televisión. Gracias a ese movimiento, el duopolio televisivo transmitirá en sus principales canales el debate presidencial del 10 de junio.
Pero Peña Nieto no ha sido el único omiso ante el halconazo. También la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota. Es natural.
En el debate, el candidato de las llamadas izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, está obligado a honrar a los estudiantes de hace 41 años y a los de ahora. Omitirlo pondría en duda su “cambio verdadero”.
Comentarios
Publicar un comentario